La manipulación de la verdad

Carlos Rodríguez Nichols

Lo saben todo. Hasta hace unas semanas se sospechaba de la intromisión de organizaciones en lo más íntimo de los ciudadanos, pero lo que fue una mera sospecha ahora es una absoluta realidad. El escándalo de Facebook destapó la mayor manipulación de información de la historia a través de las redes sociales. Un control de las masas en todo el amplio sentido de este concepto. Primero, se engancha a los afiliados a la red con mecanismos adictivos que exacerba conductas obsesivo compulsivas y, luego, se pone en juego la necesidad de ser y estar en la mirada aduladora del otro; un otro, que también requiere la invariable admiración de sus seguidores. Afiliados a los que inteligentemente se les dio la nomenclatura de amigos, con el fin de llenar los espacios de soledad de muchos de los inscritos a esta mega net virtual compuesta por dos mil millones de miembros alrededor del mundo.

Facebook se convirtió para la mayoría de sus adeptos en una herramienta que permite tener voz y sobre todo ser escuchados socialmente. Una interacción cibernética que potencializa la opinión personal, antes, vetada a la mayoría de los ciudadanos excepto aquellos con talento literario para expresarse en los medios de comunicación. En otras palabras, la ventana más amplia al mundo indistintamente del origen, raza o inclinación personal, y, a la que todos sin exclusión alguna pueden afiliarse de forma gratuita. Si se mira estrictamente desde esta óptica, es una de los instrumentos colectivos más abrazadoras de la diversidad y del conjunto social, más allá de las facultades intelectuales o la profundidad de pensamiento de los usuarios.

La red funciona como fórum para escuchar y ser escuchado, pero, también, para leer entre líneas el comportamiento y la emocionalidad de los participantes. Una plataforma que de igual forma es utilizada por muchos de sus seguidores con fines estrictamente voyeristas, esos, que solamente entran a la red para ver la actividad y el perfil de los demás, aunque no opinan ni se comprometen con un simple likeo un me-gusta. Fantasmas virtuales que alimentan el sistema con una mirada estrictamente fisgona.

Este comportamiento de “observador silencioso” se potencializó a escala gubernamental, político y empresarial, haciendo de Facebook un potente receptor de datos personales al servicio de mal intencionadas organizaciones. Entre ellas, vale mencionar a Cambridge Analytica involucrada en la última campaña presidencial estadounidense y en el referéndum del Brexit en el Reino Unido. En ambos casos, se llevó a cabo la utilización de millones de datos de usuarios para interferir a favor de alguno de los candidatos y en el resultado final de las contiendas. Se implementaron mensajes muy precisos que lograron inclinar la balanza según los intereses de los estrategas de este hurto informático, intercediendo en las capas más profundas de una trama que a simple vista parece de una vacua superficialidad. Porque, detrás de las simplísimas conversaciones políticas y posicionamientos religiosos carentes de toda espiritualidad, se esconde la mayor manipulación de la humanidad. Una radiografía al desnudo sin el menor recato, pudor ni mucho menos respeto a la individualidad: un escrutinio muy preciso y agudo de los sujetos.

En otras palabras, una suerte de resonancia magnética de la personalidad, el comportamiento, las emociones e ideologías de las masas y, más aún, de cada sujeto como individuo social. Investigan lo que les gusta y también lo que desprecian, los amigos que frecuentan, los lugares que visitan y la mucha o poca literatura que consumen. Es tan vergonzoso el mecanismo utilizado que ya no se trata de espías camuflados socavando información de los vecinos, sino, son los ciudadanos mismos que se prestan para esta desfachatez social. Ellos, se desbocan contando pormenores, alegrías y amarguras, y, con agria exuberancia dictan cátedra acerca de partidos políticos y los candidatos de su elección como si fueran la panacea de la Ciencia y la Política. Sin más, cuentan toda clase de secretos, viajes en familia y, muy inocentemente, postean fotos de hijos y nietos a los que incluso, en casos extremos, exponen a posibles extorsiones.

La idea de la red personal es una quimera porque no solamente está formada por los propios amigos, sino también por los seguidores de esos conocidos cibernéticos. Es ahí donde radica lo mágico y fantasmagórico de este juego de abalorios, pero también el peligro de exponerse ante este amplísimo escaparate del que sin duda se desconoce su verdadera extensión y mucho menos sus limitaciones. Por más que Mark Suckerberg intente convencer a los senadores estadounidenses de las nuevas estrategias implementadas por Facebook para proteger los datos de los afiliados, difícilmente se podrá obtener seguridad absoluta de la privacidad de la información. Después de todo, esto no es más que el invisible poder cibernético frente al ciudadano de a pie que ignora los pormenores de este pulso entre inscritos a las redes y los algoritmos implícitos.

Al menos, el trasiego de datos entre Facebook y otras organizaciones al servicio de turbios políticos y empresarios sirvió para confirmar la manipulación social de la verdad. A este punto, la decisión de permanecer en la red recae estrictamente sobre el usuario, siempre y cuando esté consciente de los baches de este juego virtual. Ya no hay sorpresas y mucho menos confabulaciones en este contubernio de proporción global. Si algo queda claro es que no hay tal servicio gratuito. Se paga con la propia información, con lo más íntimo y personal.

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

Las dos caras de una mentira

Carlos Rodríguez Nichols

La humanidad es testigo de una serie de actores con capacidad atómica marcándose los unos a los otros para asegurar su propia territorialidad política, fuerzas que compiten en diferentes frentes con el fin de lograr superioridad militar y económica en el escenario global. La realidad mundial está construida sobre grandes bloques luchando por las hegemonías regionales, sin duda, el fin de un ciclo unipolar en el que una única potencia lidera el planeta. Ejemplo de esto dicho es el abrupto cambio comportamental del dictador Kim en los últimos noventa días. Pasó de ser la paria del mundo para convertirse en el abanderado de la reconciliación diplomática con Pekín, donde fue recibido con los mayores honores de Estado, consolidando de esta forma la cercanía de ambos regímenes en materia de defensa, comercio y estrategia.

Así, la ascendente potencia china ratifica su incondicional compromiso con la autocracia de Corea del Norte. Alianza que se remonta a más de seis décadas de interacción entre Pyongyang y el gigante asiático, a pesar de las recientes sanciones infringidas por Pekín para satisfacer las exigencias de Occidente. No hay duda de la reciprocidad y similitud ideológica en la construcción de Estado que existe entre China y Corea del Norte, y, aún más, la complicidad entre ambas naciones para proteger sus intereses geopolíticos.

Ahora más que nunca, la cancha territorial asiática quedó claramente marcada. Si existía alguna duda sobre la posibilidad de un acuerdo entre Washington y Pyongyang, hoy, es cada vez más remota; al final, no será más que un circo mediático del que difícilmente surjan resultados significativos hacia la desnuclearización de Corea del Norte. Sin embargo, no es descartable que estos acercamientos construyan una conexión más armoniosa entre las dos Coreas, teniendo en cuenta la predisposición de Seúl a entablar una línea de comunicación con Pyongyang .

Meses atrás, Estados Unidos creyó contar con el beneplácito de China en un supuesto ataque nuclear a la península norcoreana, pero el inminente pacto acordado entre Pyongyang y Pekín tira por tierra cualquier tesitura de apoyo de Pekín a Washington, principalmente, después de las medidas tomadas por la Casa Blanca amenazando con una guerra comercial: una torpe jugada desde cualquier ángulo que se mire. Medidas proteccionistas estadounidenses que perjudican la producción y consumo de insumos con consecuencias económicas de alcance mundial. La amenaza arancelaria propuesta por Washington y la virulenta respuesta de Pekín ya están produciendo fuertes turbulencias bursátiles a nivel global. Un sinsentido que irrespeta las normas de la Organización de Comercio, menoscaba las exportaciones y, en última instancia, afecta a los consumidores obligándolos a pagar más por los productos importados. Esta ofensiva mercantil lo único que logra es debilitar la frágil relación diplomática entre el nuevo inquilino de la Casa Blanca y el poderoso Jefe de Estado chino. Insensateces que ponen en riesgo la seguridad mundial en diferentes frentes: nuclear, comercial y social.

Por otro lado, el panorama de Oriente Próximo es de enorme cautela, una coyuntura política y social que puede desatar un conflicto a gran escala. La ruptura de Estados Unidos del pacto antinuclear con Irán no solo incumple el trato ratificado por las potencias mundiales, sino que da alas a Teherán para desatender las verificaciones de Occidente y persistir en su carrera atómica. En otras palabras, el rompimiento del acuerdo lo único que conseguiría es el fortalecimiento atómico iraní y afianzar la cooperación militar entre Teherán y Moscú, relación diplomática claramente consolidada a raíz del conflicto sirio. Sin duda, los lazos entre ambas naciones son cada vez más estrechos de cara a la proyección expansionista en el Golfo, un escenario político en el que también se perfila la inclusión del dictador turco como parte constitutiva de este eje autocrático con significante cuota de poder regional.

Lo más serio de toda esta vorágine de noticias es la vergonzosa posición del Jefe de Estado estadounidense constantemente desdiciéndose de sus temperamentales propuestas, afectando una vez más la credibilidad de la primera potencia mundial. Es asombroso que Estados Unidos cometa este nivel de imprudencias; por tanto, cabría suponer que los asesores del mandatario estadounidense flaquean en materia de estrategia o el presidente desatiende las advertencias de sus consejeros. Washington debe comprender la nueva reestructura multiral, sino seguirá dando pasos en falso tapando sus incesantes errores con continuas erratas, un interminable círculo de impericias por intentar borrar las torpezas del camino.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

El despertar del nacionalismo

Carlos Rodríguez Nichols

En décadas pasadas millones de víctimas inocentes perdieron sus vidas ante la brutalidad de Joseph Stalin y el delirio de Adolf Hitler. Desalmados genocidas que arrasaron con el conocimiento de intelectuales y marcaron para siempre el futuro de hombres, mujeres y niños ante la mirada esquiva, cómplice y silenciosa de muchos que sucumbieron al proyecto experimental y expansionista del canciller alemán. Setenta años más tarde el pueblo judío apenas empieza a cicatrizar las profundas heridas del holocausto y la insensatez.

Astutamente, la guerra abierta del Führer contra el comunismo sirvió como anclaje para enlistar a millones de seguidores en sus filas, aunque atentara contra la libertad de raza y credo religioso. Finalmente, la codicia y las promesas económicas tuvieron más peso que la ética y la moral al imponerse los intereses financieros a los derechos de la humanidad.

 Casi un siglo más tarde, la historia se repite con la misma irracionalidad y gula de dominio. Hoy, grupos populistas teñidos de nacionalismos despiertan después de un inacabado letargo, de un sueño profundo que por décadas los hizo parecer exánimes ante las atrocidades cometidas contra la libertad y los derechos de los hombres, sociológicamente hablando. Ahora no se ataca el comunismo con la ferocidad de años anteriores, sino a la diversidad de los pueblos en un contexto mundial orquestado por dos machos recalcitrantes responsables del implacable regreso del conservadurismo y la desvergonzada supremacía de género, raza y culto. ¡Sin duda, el Jefe de Estado ruso y el actual presidente estadounidense le hacen flaco favor a la humanidad!

Ellos, cada uno desde su entorno inmediato, han contribuido a exaltar la prepotencia del sector más obstinado de la sociedad, el fanatismo religioso y los patológicos sentimientos patrióticos utilizados como herramientas emocionales con fines estrictamente electorales. Ambos líderes comparten la misma línea de pensamiento: restituir la grandeza del Estado exasperando el espíritu nacionalista en tiempos de crisis económica, y, al costo que sea con tal de conseguir sus tozudas metas. No importa si se trata de unirse a organizaciones mafiosas, socavar información privada de las redes sociales o mandar a envenenar a sus traidores como sucedió recientemente en el Reino Unido.

El hombre fuerte de Rusia sin el menor recato intercede tanto en el resultado de sus propias elecciones como en la de los países rivales, una estrategia llevada a cabo con la colaboración de los servicios secretos del Kremlin, entidades financieras, corporaciones multinacionales y obviamente con el silencio de su círculo más íntimo de allegados a los que ha enriquecido de forma escandalosa. Grupos de poder al margen de la ley, jaqueadores de mega datos, que burlan la privacidad de las masas robando likes cómo viles ladrones de aldea. En este caso, ampones de cuello blanco recaudadores de información secreta para acceder a la médula de las potencias opositoras. Ante esta descarada manipulación cibernética y la tergiversación de resultados electorales, Putin hoy ostenta el poder absoluto y el apoyo de una gran parte de su pueblo.

Del otro lado del Atlántico, el Jefe de Estado estadounidense no cuenta con la misma aprobación electoral ni tampoco con la absoluta lealtad de su órbita partidista, en gran medida, debido a su exiguo conocimiento de política internacional y su controversial capacidad de liderazgo. No hay más que mirar el caos generalizado de la Casa Blanca en la que no cesan los despidos de altos funcionarios involucrados tácita o directamente en la saga tutelada desde el Kremlin.

En otras palabras, el supuesto hombre más poderoso del mundo es una de las tantas piezas del ajedrez político del brillante estratega ruso que en muy poco tiempo consiguió su cometido: desprestigiar la democracia estadounidense corrompiendo las bases de sus instituciones. ¿Hasta cuándo? Hasta que Trump caiga por sí solo. Putin, el otrora espía formado en la KGB en los tiempos álgidos de la Unión Soviética de Breshnev y al mando de la potencia rusa durante casi dos décadas, mueve cada una de sus fichas con extrema precaución sabiendo de antemano las posibles consecuencias de su malintencionado parecer.

Indistintamente de las controversiales políticas del presidente estadounidense o de la ambición desmedida del líder moscovita, el mundo, ahora más que nunca, es testigo del despertar de un anacrónico nacionalismo que amenaza la democracia, la libertad y las garantías de los pueblos. Mensajes xenofóbicos y palabras llenas de homofobia polarizan las naciones y menoscaban la evolución social y cultural de los pueblos. Es paradójico qué en la era de la ciencia, la investigación y la inteligencia robótica aún bullen construcciones delirantes de mentes insanas, lo suficientemente desquiciadas para cambiar el rumbo del progreso.

 

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Costarricenses, abramos los ojos.

Carlos Rodríguez Nichols

Costa Rica, el supuesto oasis de la felicidad se ha convertido en una sociedad polarizada de la que supura lo más vil del ser humano: la vulgaridad y la codicia. Sentimientos de rabia y venganza latentes en lo más hondo de cada uno recubiertos con el ilusorio y simplista “puravidismo”. Solo se requería del liderazgo religioso de Fabricio Alvarado para remover el excremento, la podredumbre fétida y las fobias hacia otras razas y minorías, al igual como sucede en organizaciones extremistas y fundamentalismos. Hoy, Costa Rica es escenario de una guerra verbal entre tiros y troyanos muy distante de aquel pensamiento pacífico progresista que situaba al país como uno de los más avanzados en educación y salud pública del continente.

Ese reconocimiento fue el resultado de políticos visionarios que comprendieron la necesidad de construir una sociedad más equitativa con beneficios para los más necesitados: acceso a educación, salud, transporte y vivienda digna, indistintamente del origen social, sexo, color de la piel o el credo religioso. Hombres con una mirada vanguardista para su época tachados de revoltosos y comunistas por los sectores más conservadores de la sociedad temerosos de perder la potestad de sus lujos y excesos. Una derecha recalcitrante incapaz de entender que cuanto mejor esté el pueblo, la fuerza laboral, mayores son los réditos de la clase industrial y empresarial. La guerra al comunismo se gana mejorando las condiciones de vida de los menos privilegiados y no en una lucha abierta contra el Estado benefactor. Eso, lo único que produce es un resentimiento masificado que en última instancia desvaloriza a la colectividad.

La conciencia social que caracterizó al costarricense marcó la abismal diferencia entre Costa Rica y las otras naciones centroamericanas, hoy, violentadas por el narcotráfico, las maras y grupos rebeldes feroces de rencor. Poblaciones que viven en el umbral de la pobreza o subsisten en la extrema miseria mientras el estrato alto de la sociedad es blanco de homicidios, secuestros y constantes extorciones. Sin más, San Salvador y San Pedro Sula son consideradas unas de las ciudades más peligrosas de América con el mayor índice de asesinatos en manos de bandas antisociales. Obviamente, sin olvidar la desfachatez del movimiento sandinista desde hace cuarenta años en el poder a causa de los abusos perpetuados por la dinastía Somoza durante tres generaciones.

Ante el mísero panorama económico y social en que vive una gran parte de las poblaciones de Centro América, es mayormente recomendable estar presididos por gobiernos centristas. Equipos de gobierno capaces de forjar un balance entre la realidad macroeconómica y las necesidades a las que se enfrenta la mayoría del electorado cada día. Si no, es una bomba de tiempo: una explosión molotov que en cualquier momento estalla en las manos de aquellos proclives al capitalismo salvaje garante exclusivamente de la solvencia de determinados grupos de poder. Ahora más que nunca, se tiene que mirar de frente la paupérrima situación de los pueblos y el nefasto sentimiento de envidia que despierta la desigualdad de oportunidades entre los ciudadanos. Es imposible pretender un crecimiento sostenible mientras existan las diferencias sociales y económicas que caracterizan la región.

Los gobernantes no pueden hacer caso omiso al subdesarrollo institucional del cual Costa Rica no está absuelta. Un panorama político y económico que hasta la fecha no ha sido resuelto por ningún gobierno por más eruditos en economía, fianzas y hacienda en sus filas. Sin duda, no han sido capaces de sacar a las naciones centroamericanas del endeudamiento y los alarmantes niveles de corrupción que brutalmente golpea los países centroamericanos.

En el caso específico de Costa Rica, los equipos económicos presididos por Oscar Arias, sin afán de desvalorizar los logros del expresidente, no solucionaron los problemas de fondo ni fueron capaces de marcar un contundente progreso nacional. Tampoco, los gobiernos socialcristianos tutelados por empresarios de alto vuelo seguidores de los acreditados Chicago Boys, consiguieron sacar al país del en-trabamiento político y social. Esto, sumado al asalto a las arcas del Estado y el descarado manoteo a las instituciones pública por altos jerarcas de todos los partidos políticos sin excepción.

Así que mirar exclusivamente al vergonzoso caso del cemento sería miopía o senilidad mental, olvidando los escándalos en el seno del Partido Liberación, dos expresidentes encarcelados y otro prófugo de la justicia durante una década. A tal extremo, que el último candidato liberacionista señaló a su propio partido como un nido de ratas corruptas. Epítetos que reflejan la podredumbre de los partidos tradicionales por más que se intente borrar lo ocurrido de un solo zarpazo. Por eso, ningún político puede pretender ser cartujo porque todos están muy lejos de encarnar deidades, aunque sean dioses hechos a la medida para la ocasión. Y mucho menos estos nuevos pseudo santulones que pretenden convencer a las masas con ficciones y realismos mágicos que apenas alcanzan para adornar las narrativas tercermundistas. Estrategias políticas barriobajeras que alimentan el populismo y polarizan la sociedad, y, más aún, cuando se intenta amalgamar la dirección del Estado a mandatos religiosos: un candil de doble mecha capaz de arrasar con todo pensamiento racional.

Como costarricense siento la necesidad de hacer público mi adhesión al grupo conformado por Carlos Alvarado, Rodolfo Pisa, Edna Camacho, Ottón Solís y André Garnier, miembros de diferentes partidos reacios a votar por el predicador evangélico contrario a todo movimiento intelectual, a los derechos humanos de las minorías y a una visión de mundo progresista. Un discurso de corte medieval, que en su momento sirvió para ejercer control y dominio de los pueblos.

Hoy, hay que asentarse en la realidad del siglo veintiuno altamente tecnológico e industrializado en la que impera el conocimiento científico y la investigación. El mundo gira en la órbita de la revolución de las comunicaciones y la inteligencia artificial y no en la Edad Media, la brujería, los hechizos y la irracionalidad que caracteriza el perfil psicopatológico de Fabricio Alvarado. Porque nadie, medianamente equilibrado, puede creer en ese puño de disparates, hablar en lenguas y hacer construcciones delirantes con seres inventivos de fábulas milenarias. ¡Basta de estupideces!

Costa Rica requiere de mecanismos de autoridad eficientes para controlar el narcotráfico, la violencia y la inseguridad a escala nacional. Coyunturas de alto voltaje que amenazan la sociedad costarricense de forma alarmante. Por eso, el país no puede permitirse un presidente de la República con una formación académica mediocre y una pobre exposición a la sociedad contemporánea más allá del cuadrilátero costarricense.

Asimismo, es irresponsable apostar por el equipo económico orquestado por Oscar Arias a cambio de otorgarle al predicador evangélico la facultad de fortalecer sus anacrónicas creencias. La historia es testigo de candidatos que en campaña se prestaron a esta clase de triquiñuelas, y una vez en el poder terminaron gobernando a sus anchas. La historia perdona, pero no olvida.

Arias en muchas oportunidades ha visto a sus propios pupilos, a los que el mismo ungió, cerrarle las puertas de la Casa Presidencial. Sin ir muy lejos, hace cuatro años el expresidente Arias suscitó una polarización de fuerzas dentro de Liberación Nacional al punto de debilitar el partido y finiquitar con las aspiraciones presidenciales del candidato liberacionista, obviamente, contrario al movimiento arista. Este prosaico zafarrancho facilitó la elección de Luis Guillermo Solís, un hombre sin experiencia política ni conocimiento de la administración pública. Ahora, el Premio Nobel intenta tutelar el gobierno del indocto y fanático religioso Fabricio Alvarado con tal de conservar una significativa cuota de poder dentro del tinglado político nacional.

Costa Rica no puede apostar por un capitalismo ciego a la realidad social ni olvidar el aporte de aquellos visionarios que lucharon por las garantías y derechos de la población. La situación que viven las naciones centroamericanas es un claro ejemplo de las nefastas consecuencias de las desigualdades.

Costarricense abramos los ojos. Aún estamos a tiempo.

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Dos ególatras        

Carlos Rodríguez Nichols

El presidente de Estados Unidos y el dictador norcoreano después de haberse insultado con infames epítetos, de repente se instalan en una falacia reconciliadora como si fueran dos matones escolares que deciden dejar atrás las mutuas palizas del pasado. En este caso, no se trata de un par de adolescentes balandrones pescoceándose en el patio colegial, sino del Jefe de Estado de la primera potencia mundial y el dictador de un régimen familiar asentado en el poder por tres generaciones desde hace setenta años. Ambos, poseedores de armamento nuclear capaz de producir una hecatombe mundial.

Los especulados pasos de Corea del Norte en el reciente acercamiento diplomática con Seúl no es más que un cálculo político para poner a su archienemigo estadounidense contra las cuerdas. La estrategia de Pyongyang es debilitar la presencia norteamericana en la península, menoscabando la alianza entre la Casa Blanca y Seúl. Es tal el nivel de sarcasmo, que el dictador se ríe públicamente del patológico narcisismo del inquilino de la Casa Blanca al creerse el facilitador del conclave llevado a cabo entre los mandatarios coreanos.

En otras palabras, un jaque de Pyongyang a Washington que conlleva a dos posibles resultados. Por un lado, un cara a cara entre el mandatario estadounidense y el dictador coreano. Por otro lado, la reivindicación de Corea del Norte ante el mundo como nación reconciliadora proclive a negociar una solución al posible conflicto nuclear y, así, menguar las sanciones impuestas por la comunidad internacional. Maniobra política que indubitablemente cuenta con el guiño de China y Rusia, a pesar de las transitorias y encubiertas penalidades aplicadas por Moscú y Pekín al régimen norcoreano.

Entonces, ¿es la invitación de Kim a Trump una presentación en sociedad para renunciar a su carrera atómica y a la chistosa nomenclatura de eje del mal, o, más bien, una reafirmación de su poder armamentista en la que exige a sus pares nucleares un reconocimiento de igual a igual?

Ante este montaje teatral cabría hilar delgado y elucubrar sobre las posibles artimañas detrás de bambalinas o entretelones, comedia bufa, que puede transformarse en mega tragedia por un error de cálculo humano. Por eso, sería conveniente despojarse de tanto disfraz, luces y cámaras, y esgrimir una hoja de ruta entre ambos equipos de gobierno de cara a futuras conversaciones, si bien, ninguna negociación se lleva a cabo sin encuentros preliminares: preámbulo que da sentido a la función diplomática.  Si no es así, las posibilidades de naufragio son inminentes, incluso, antes de sentar a los jefes de Estado a la supuesta mesa negociadora. Por tanto, la reunión de los presidentes debe ser el último eslabón de una cadena de acercamientos que sirvan como andamiaje constructivo a futuras negociaciones.

La interrogante que gravita en el entorno es si esta “farsa-a-dos” es sostenible en el tiempo hasta llegar a buen puerto, o si se desvanecerá en cuestión de días o semanas igual como alimentó el narcisismo de los dos mandatarios. ¡Un prosaico realityshow que embriaga el ego del mandatario estadounidense y al de su par asiático! Jefes de Estado ungidos ellos mismos con un poder supremo que rebasa la razón, instalándose desvergonzadamente en una irracionalidad al servicio de razonamientos ininteligibles.

Sin duda, el mejor de los escenarios es la desnuclearización de Pyongyang y el cese de pruebas militares de Estados Unidos en la península coreana, panorama, prácticamente imposible dado los intereses geopolíticos de uno y las tácticas y estrategias del otro. Más bien, todo parece indicar que se trataría de un cuantioso espectáculo escénico sin importantes avances de desnuclearización en la región.

Al contrario de esta ilusoria hipótesis, Asia se ha convertido en una zona geopolíticamente en ascenso donde las potencias consolidadas refuerzan su poder armamentístico. Incluso Tokio y Seúl, los grandes aliados asiáticos de Washington, contemplan desarrollar su propia carrera nuclear a mediano y largo plazo. Ahora más que nunca, el poder está concentrado en manos de múltiples actores con capacidad atómica. Por tanto, es inútil pretender que una o dos potencias controlen el balance de poder mundial como en décadas anteriores.

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

El trasiego de cocaína en Centro América

Carlos Rodríguez Nichols

El consumo de sustancias ilegales mueve billones en el mundo entero. En Centro América este lucrativo negocio es liderado por los cárteles mexicanos los Zetas y el Cártel del Pacífico, dos organizaciones mafiosas con creciente poder y alarmante capacidad de maniobra política a nivel regional. Así, los países centroamericanos se han convertido en una de las zonas más peligrosas del mundo debido a la violencia generada por el narco y la proliferación de maras principalmente en Honduras, Salvador y Guatemala. Esto también convierte al violento triángulo del norte centroamericano en un importante mercado y foco de interés para los mercaderes de armas.

El narcotráfico está íntimamente estrecho a una alta densidad de violencia, crimen y corrupción. Estas organizaciones se valen de estrategias impuestas a políticos y comunidades rurales ligadas directa o tácitamente al trasiego de cocaína. Eslabones de un encadenamiento de negociaciones subterráneas que no solamente benefician a los capos de la droga y las redes de distribución, sino también a poblaciones campesinas involucradas en estas actividades ilícitas como forma de subsistencia.

En Costa Rica el narco avanza a pasos agigantados. Es tierra virgen para los traficantes dado la inexistencia de cuerpos policiales especializados y una geografía cuya tercera parte del territorio está compuesta de parques nacionales, manglares y junglas con poca población y escasa vigilancia, situación idónea para el almacenamiento clandestino de cocaína y siembras encubiertas de marihuana. La entonces actividad ilícita a pequeña escala para satisfacer el consumo nacional trascendió a organizaciones asentadas en diferentes puntos del anillo urbano capitalino bajo el mando y dominio de acaudalados carteles internacionales.

Según Pérez Ventura (2014) de los 900,000 kilos de coca que pasan cada año por Centro América el ochenta por ciento circula a través de Honduras. Se calcula alrededor de 4,000 millones de dólares el valor de la cocaína procedente de Sudamérica que converge en Guatemala antes de ser enviada a Estados Unidos. Una cifra nada desdeñable para una economía en la que gran parte de su población vive en el umbral de la pobreza.

Sin duda, el dinero de la droga y las redes circunscritas al narco han transformado la región centroamericana en el centro operacional por antonomasia. Funciona como puente entre la producción y el consumo de estupefacientes, sirviendo como intermediario entre Colombia, Bolivia, Perú y el mercado norteamericano considerado el principal consumidor de sustancias psicoactivas del mundo.

La mirada cómplice de gobiernos y políticos locales facilitan el delictivo trasiego de estupefacientes y el escandaloso enriquecimiento de las organizaciones mexicanos y sus múltiples tentáculos regionales al margen de la ley. Estados viciados por una descomposición institucional y una corrupción generalizada, carentes de las herramientas necesarias para controlar la maquinaria del narcotráfico: una  infraestructura criminal compuesta de bandas de informantes monitoreando el trasiego de la droga a lo largo de Centro América hasta su destino final.

En este trayecto de miles de kilómetros, los traficantes utilizan todo tipo de artimañas para escabullirse y burlar los servicios de vigilancia terrestre, aéreos y costeros, atravesando por túneles, selvas, caminos secretos y pistas de aterrizaje clandestinas. Al punto de poner en riesgo sus propias vidas con tal de asegurar el acaudalado botín de cocaína antes de llegar al mercado estadounidense. De acuerdo a estimaciones, alrededor de mil toneladas, un millón de kilos, de cocaína entran cada año al territorio norteamericano. Para algunos esta estimación es pálida de cara a la realidad.

Por tanto, resulta poco creíble que la primera potencia mundial con los servicios de inteligencia y seguridad más sofisticados del mundo no se percate del tonelaje de droga que entra cada día por sus fronteras. En este caso, habría que plantearse dos posibles situaciones. Por un lado, los servicios de inteligencia, inspección aduanera y vigilancia estadounidense no son tan profesionales como se espera de la nación más poderosa de la Tierra o, incluso, cuestionar la transparencia de las altas jerarquías gubernamentales, instituciones financieras y entidades antinarcóticos ante el billonario negocio de la droga.

Parece dudoso que después de treinta años de una declarada guerra al narco, los gobiernos demócratas y republicanos de la nación más poderosa del planeta hayan sido incapaces de controlar el tráfico de cocaína por Centro América, el “backyard norteamericano. En otras palabras, Estados Unidos no ha logrado erradicar el trasiego de estupefacientes ni tampoco a las organizaciones circunscritas al cultivo, la producción y el consumo de drogas ilegales. También, es difícil de creer que la potencia mundial en constante alerta y observación de los movimientos armamentistas y nucleares de aliados y enemigos fracase estrepitosamente en el control del tráfico de sustancias psicoactivas, una pandemia social que amenaza la salud física y mental de 22 millones de estadounidenses consumidores de drogas ilegales (Pérez Ventura 2014).

Cabe pensar que la ilegalidad de estas sustancias las convierte en una suerte de fruto prohibido, potencializando de esta forma el precio de oferta y los réditos de la distribución. Dineros sucios que movilizan el aparato económico capitalista y detenerlo implicaría una contracción financiera a nivel centroamericano, estadounidense y a escala global: un desequilibrio de cuantiosas dimensiones.

De ser así, es poco probable la desconexión de los cárteles de la droga de las economías centroamericanas y su intromisión en el engranaje económico y sociopolítico de la región. La única solución a esta epidemia multidimensional es el fortalecimiento de las instituciones judiciales y un mayor compromiso estatal con la pobreza y la exclusión social. Realidad que golpea a un importante sector de la población centroamericana, principalmente, a las zonas rurales económicamente deprimidas donde las posibilidades de ascenso social son casi imposibles. Poblaciones al borde de la miseria donde el trasiego de drogas ilegales se convierte en una forma de subsistencia, más allá de establecidos códigos legales y los preceptos morales de la sociedad civil.

         

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

La revolución de la mujer

Carlos Rodríguez Nichols

En las últimas décadas las mujeres han logrado un importante reconocimiento en sectores políticos, académicos, financieros y en una pluralidad de funciones a las que se les imposibilitó acceder por considerarlas intelectualmente inferiores. Una sagaz arma de dominación masculina para asumir las riendas del Estado y ser la voz cantante de la sociedad por antonomasia.

Sin duda, los millones de bajas masculinas en las guerras del siglo veinte exigieron un reposicionamiento y mayor relevancia de la mujer en el círculo familiar e industrial. En muchos casos, pasaron de ser posesión del marido para convertirse en viudas jefes de hogar y parte de la fuerza laboral. Esto, sumado a la capacidad de regulación de su aparato reproductivo gracias a medidas profilácticas y métodos anticonceptivos. Avances que sin duda marcaron los primeros pasos de la liberación femenina en sociedades occidentales desarrolladas: una reestructuración social que marcó un hito respecto al nuevo rol de la mujer y consecuentemente del hombre en la era postmoderna.

Sin embargo, para algunas de ellas, el hombre es aún visto como un feroz macho depravador, un enjambre de testosterona al rojo vivo deseoso de comerse a rapiñas esclavizadas al poder masculino por siglos y generaciones. No hay duda que, a la fecha, aún impera ese violento comportamiento masculino causante de bestiales conductas y una vergonzosa irracionalidad de supremacía.

No obstante, no es desde la victimización que la mujer debe reivindicar su capacidad intelectual meritoria de los mismos derechos civiles y laborales que el hombre. Las transformaciones sociales se llevan a cabo con activismos inteligentes y no valiéndose de histriónicas y prosaicas emocionalidades callejeras. Tampoco, es con iracundos insultos exaltantes de rencor que se revolucionan las estructuras colectivas: estas muestras de debilidad polarizan la opinión pública sin lograr necesariamente cambios sustanciales a largo plazo. En todo caso, debe prevalecer la lucha por una sociedad equitativa de género sin renunciar a la astucia y agudeza intelectual que en términos generales caracteriza a buena parte de la población femenina.

Crecer intelectual y laboralmente no implica transformarse en igual al otro, o en una suerte de ente indefinido. Tampoco se trata de renunciar a continentes exclusivos de la mujer o exigir la presencia femenina en todas las actividades masculinas. Esto sería un sometimiento. Ya no desde del dominio que tanto se combate sino desde la imposición, otra forma de autoritarismo, en la que se intenta despojar al dominador de su esfera de poder para emplazar al subyugado en el lugar de superioridad. Un falso posicionamiento que a todas luces dista de madurez social y equidad.

Al contrario de esto dicho, la teoría de la diversidad favorece los mismos derechos indistintamente de la identidad biológica o aquella asumida por convicción propia: una visión antropológica multirracial y cultural permisible con las diferencias de culto y orientaciones ideológicas. Para ello, se necesita dejar de lado el obtuso anhelo de igualar a las poblaciones según los cánones establecidos por convencionales grupos de poder, en su gran mayoría hombres blancos heterosexuales, cristianos y occidentales. Significantes auto atribuibles que han servido como eje de dominación de la humanidad por más de dos milenios, y, actualmente, en tela de juicio por movimientos sociales revisionistas.

Ante esta absurda supremacía milenaria, es admirable y de meritorio reconocimiento los importantes avances de la mujer frente a añejos patrones sexistas. Transformaciones estructurales que han evolucionado hacia una reorganización social, y deben continuar profundizándose dentro de un marco de tolerancia hacia aquellos no necesariamente proclives a estas alteraciones del orden preestablecido.

Es imposible pretender que el grueso de la sociedad, muchos de ellos producto de un profundo adoctrinamiento religioso y limitada exposición cultural, se movilice a favor de una reparación social que atenta contra sus normas y principios. Sería utópico esperar que todas las personas cuentan con las mismas herramientas para afrontar temas que incluso amenazan sus defensas inconscientes de identidad.

Si se lucha por una diversidad social, entonces, con más razón se debe aceptar la pluralidad de pensamientos y posturas filosóficas de vida coexistentes en la colectividad. Señalar y ofender al otro por carecer de amplitud de pensamiento es muestra de un comportamiento reduccionista y, más aún, indicador de pobreza intelectual. En otras palabras, los derechos de hombres y mujeres deben aplicarse en igual medida tanto a los fervientes adeptos a evoluciones sociológicas como a seguidores de conservadurismos extemporáneos. Una vez más, imponer conductas a la fuerza es tan negativo y contraproducente como ejercer las posturas de dominio que tanto se repudian.

Posted in Uncategorized | 1 Comment