La corrupta Casa de Saúd

El príncipe heredero de Arabia Saudí se ha proclamado el verdugo de corruptos en una autocracia que es todo menos diáfana e impoluta. La familia real petrolera compuesta por más de siete mil miembros se ha enriquecido de forma escandalosa adueñándose de extravagantes sumas de dinero en una estafa colosal que supera los cien billones de dólares. La gran incógnita es, si se trata de la conducta intachable del joven monarca o, más bien, una turbia maniobra para destronar al resto de la familia gobernante y apoderarse del control absoluto del jugoso botín estatal.

Es difícil creer que de una de las estirpes más corrompidas del mundo, brote un ejemplo de honestidad dispuesto a limpiar la cara de un reinado que por décadas ha ejercido el poder a base de  negocios obscuros y financiamiento a extremistas de forma clandestina. De hecho, fue el mayor bastión financiero del Estado Islámico en Siria hasta su pérdida de terreno y poder en manos del eje militar formado por Irán, Rusia y el gobierno de Damasco. Un conflicto con matices nacionalistas, económicos y geopolíticos, más allá del peso religioso con fines populistas explotado hasta la saciedad por chiíes y sunitas.

Sin duda, Arabia Saudí juega un lugar estratégico como socio silencioso y aliado sine qua non de la potencia estadounidense en Oriente Próximo desde la Segunda Guerra Mundial. De hecho, los intereses de Washington y Riad circunscritos principalmente al acceso de petróleo y gas natural de la zona, se vieron truncados ante el fiasco militar en Irak. La fallida invasión norteamericana iraquí fortaleció el posicionamiento de Irán, el avance territorial de Teherán, y un indiscutible golpe a Riad en su conquista hegemónica de la región. Escenario, al que Estados Unidos nunca apostó tal descrédito militar, ni mucho menos a un empoderamiento de los ayatolas en el Golfo.

Frente a la amenaza del expansionismo iraní, Arabia Saudí intenta reformar el aparato estatal anquilosado en una anacrónica ortodoxia religiosa. El príncipe heredero, ávido de asegurar el respaldo de las generaciones menores de treinta años que conforman el setenta por ciento de la población saudí, ha puesto en marcha una serie de enmiendas civiles que permiten mayor espacio laboral y social a las mujeres y menos peso institucional a los imanes islamistas. En otras palabras, está llevando a cabo una profunda transformación de la sociedad y una restructuración estatal que posibilite continuar rivalizando el imperialismo de Oriente Próximo, de cara a un Teherán cada vez más fuerte militar y territorialmente.

Ante este detrimento de poder, el reino saudí orquesta un masivo boicot financiero y comercial contra Qatar señalándolo de financiar a grupos terroristas en la región, como si Arabia Saudí no fuese la principal fuente económica de fanáticos islamistas en el Golfo Pérsico y en gran parte de Europa y América. Un doble discurso que en última instancia pone en evidencia las negociaciones solapadas entre el reinado petrolero, los emiratos árabes, Jordania y los aliados de Occidente. No es casualidad que el nuevo inquilino de la Casa Blanca haya escogido Riad como su primer destino oficial, visita en la que proclamó públicamente la peligrosidad de Irán en el Golfo Pérsico. En otras palabras, es incuestionable el amarre encubierto de las potencias occidentales con el reinado árabe y grupúsculos extremistas que actúan al margen de la ley: un espectro de mafias petroleras que controlan las finanzas del mundo.

No hay ejemplo más claro de las sinuosas maniobras diplomáticas del reino petrolero, que la reciente retención del Primer Ministro de Líbano y su familia en Riad donde el gobernante libanés extendió la renuncia a su cargo por vía telefónica como si pusiera fin a una gerencia empresarial de segundo orden. A todas luces, una artimaña de Arabia Saudí contra el grupo político-militar chiita Hezbolá, estrechamente ligado a Irán y con profundas raíces en el entramado institucional de Líbano. A su regreso a Beirut, el Primer Ministro fue aclamado por hordas de seguidores con un contundente respaldo ciudadano ante la sospechosa renuncia impuesta desde Riad. Sin duda, Líbano es una de las fichas del ajedrez político del Golfo en el que Irán y Arabia Saudí también rivalizan la dominación de Irak, Siria, Yemen y Qatar.

Desde esta óptica, los decretos del príncipe heredero saudí más que un ardid de transparencia y honestidad, son el frío y árido cálculo de Riad ante una implacable decadencia geopolítica y el vislumbre del ocaso petrolero como principal fuente de riqueza del reino del desierto. Por lo tanto, ante esta coyuntura política, el joven dictador intenta tener la potestad absoluta de las billonarias sumas de dinero estatales hasta ahora diluidas entre el extenso círculo familiar. Una manera de poner en orden las cuentas palaciegas, especialmente si en la órbita íntima del monarca se baraja un posible conflicto bélico frente Irán. Amenaza de guerra en la que Riad tendría todas las de perder por más alineamientos tácitos con Washington y algunos pesos pesados mundiales; testigos silenciosos, por más de siete décadas, de las ilícitas transacciones de la Casa de Saúd.

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

La potestad de Xi Jinping

Carlos Rodríguez Nichols

Xi Jinping tiene una vasta formación académica y una carrera política con más de cuatro décadas de experiencia. Su parsimonia y saber estar es la noble herencia de antepasados que durante siglos han forjado lo que hoy se considera el gigante asiático y una de las mayores economías del mundo. El crecimiento de la República Popular China no se limita exclusivamente a un poder regional sino a la multilateralidad de un mundo globalizado, en el que Pekín apuesta a la liberación de los mercados y a la apertura del sector financiero con el fin de reforzar el poder geopolítico y alcance mundial.

El presidente chino es un diplomático innato que escucha tanto halagos como embestidas con profundo acato, sensatez y prudencia. Estos atributos entre otras competencias lo sitúan al lado de próceres de la patria y de ilustres constructores del que fue uno de los imperios más antiguos de la humanidad. No obstante, es un político férreo. Por tanto, su mayor afán es profundizar los intereses económicos y territoriales de la potencia asiática antes que favorecer los beneficios de las naciones rivales en la región; obteniendo, astutamente, el máximo provecho de los tropiezos políticos de otros jefes de estado.

Ejemplo de esto es el  Acuerdo Transpacífico de Cooperación y el Tratado Climático de París, pactos en los que Xi Jinping ha escalado un indudable protagonismo frente al aislamiento de Estados Unidos de los convenios internacionales. En otras palabras, China intenta ocupar el espacio que Washington ha ostentado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, posición que se traduce no solamente en réditos económicos sino también en dominios geopolíticamente vitales. Las políticas erradas de la presente Administración estadounidense están diseñados para favorecer a un sector muy puntual del pueblo norteamericano sin medir las consecuencias a mediano y largo plazo de dichos decretos. Este repliegue proteccionista norteamericano, producto de un nacionalismo anacrónico primario, sin duda aminora el liderazgo de la Casa Blanca en un presente compuesto por grandes bloques interconectados, y no en territorios desmembrados como en siglos y décadas pasadas.

El recibimiento de Xi Jinping al mandatario estadounidense fue una sagaz estrategia para demostrarle al mundo el poder de la República China en la arena política internacional. El agasajo pomposo al presidente Trump con exuberantes ceremoniales en los palacios imperiales y en la emblemática muralla, se puede leer como una astucia diplomática de Xi Jinping para encausar las negociaciones por el rumbo deseado, desarticulando, de esta forma, las controvertidas pericias del Comandante en Jefe de la primera potencia mundial. Si en algo sobresale la cultura oriental es en la magnificencia del lujo asiático y en la destreza para agasajar a sus invitados. Esplendor, interpretado por el magnate neoyorkino como un elogio hacia él, a pesar de no haber conseguido un acercamiento medular con Pekín de cara al conflicto norcoreano. Crisis en la que el Jefe de Estado chino se opone rotundamente a interferir a favor de Washington cuya mayor ambición es afianzar la hegemonía territorial y económica estadounidense en el Pacífico. Sin lugar a duda se trata de dos potencias enfrentadas en una contienda capitalista sin escrúpulos, en la que  cada una lucha por sus lucros individuales por más que el potentado asiático se disfrace de república popular proletaria.

Pero, no todo en China se reduce a la riqueza y al esplendor de su cultura. De hecho, el crecimiento exponencial del gigante asiático se debe en gran parte a la explotación laboral de un importante sector del pueblo, muchos de ellos en condiciones infrahumanas. Una sociedad subyugada por un aparato estatal represivo que se duplica y multiplica muy lejos de los preceptos de igualdad y equidad expresados constantemente por el jefe de gobierno chino ante sus pares de la comunidad de naciones. Sin más, una paradójica coyuntura social en la que millones de hombres, mujeres y niños no sobrepasan el lumbral de la pobreza, en un país que en la última década superó con creces los índices mundiales de crecimiento económico. Una polarización de la sociedad entre abundancia material por un lado,  y  una miseria diametralmente distante al avance científico- técnico que caracteriza a esta emergente superpotencia del siglo veintiuno.

Xi Jinping tiene por delante la ardua tarea de parear el nivel de vida de la población con el desarrollo pujante de la industria y el comercio internacional chino. Es inadmisible que una potencia no cubra las necesidades básicas de salud, vivienda y educación de su pueblo ni tampoco respete las potestades cardinales de los ciudadanos. Se puede ejercer autoridad y establecer parámetros de orden de forma integral sin tener que atropellar a la población haciendo caso omiso de los principios que constituyen los derechos del hombre. Si Xi Jinping logra reducir la pobreza incrementando el nivel de educación y el estándar de vida de los cientos de millones de chinos que apenas subsisten; entonces, será recordado como uno de las personalidades más emblemáticas de la historia del coloso de oriente.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

El poder de las mafias

Carlos Rodríguez Nichols

Resulta incomprensible que en Argentina aún exista una cuarta parte del electorado que se lanza a las calles en defensa de políticos que por años succionaron las arcas del Estado. Impostores que arrastran a turbas callejeras con falsos ideales sin importarles poner en peligro sus vidas o hacerlos terminar como estropajos en prisiones estatales. Es sorprendente la capacidad de convocatoria de estos militantes para persuadir multitudes, a esas masas de descamisados que se rasgan las vestiduras por farsantes multiplicadores del sinsentido. Lo más insólito de todo, es la ira de este clan de corruptos vociferando como borregos en contra de la justicia.

Poder judicial que finalmente logra desenmascarar una mentira generalizada en la que por más de una década se manotearon los índices de pobreza e inflación amedrantando a todo aquel que intentara denunciar las negociaciones turbias de esta panda de hambrientos de poder y ávidos de un lugar de superioridad diametralmente opuesto a la arenga de igualdad que tanto proclaman. Una falsedad discursiva desde todo ángulo que se mire.

Después de doce años de tergiversar a jueces y fiscales a favor de intereses partidistas, ahora, por fin, se dicta sentencia encarcelando a este puño de estafadores en serie apoderados de fortunas billonarias. Una desfachatez de proporciones inenarrables en la que la alta jerarquía política de la Casa Rosada, valiéndose de toda clase de artimañas, saqueó el jugoso botín estatal con el mayor descaro. Dinero que en vez de nutrir cuentas fantasmas en paraísos fiscales, debió de emplearse en la construcción de quirófanos y hospitales, comedores infantiles, escuelas rurales, universidades, infraestructura y ferrocarriles de primer orden en lugar de los trenes chatarra causante del accidente mortal del Once en el que perecieron más de cincuenta personas. En otras palabras, políticos de quinta categoría que han hecho y deshecho a su antojo sin importar las consecuencias de sus equivocas decisiones ni de sus torpes arbitrajes. Pero esta distorsión de la legitimidad no se limita solamente a la nación argentina y a las repúblicas bananeras tercermundistas.

Estados Unidos, el país abanderado como la sociedad de honestidad, transparencia e impoluta verdad se ha visto envuelta en una serie de escándalos políticos que distan del concepto de nobleza que tanto se han esforzado en cimentar. No es necesario remontarse con exhaustivos detalles al asesinato del presidente de la primera potencia mundial en manos de macabras confabulaciones entre agentes del servicio de inteligencia, notables políticos norteamericanos y personajes del submundo de la mafia. Grupúsculos mafiosos parecidos a los que hoy le pisan los talones al actual inquilino de la Casa Blanca con información secreta que sin duda saldrá a la luz en el momento oportuno. Con la mafia rusa no se juega y menos cuando se desconoce los tejemanejes y sinuosos laberintos del Kremlin, un enjambre de pericias clandestinas fielmente ejemplificadas en Vladimir Putin, el estratega, ajedrecista y campeón de yudo, formado bajo la tutela de los grandes de la KGB durante los años gloriosos de la extinta Unión Soviética. Desafortunadamente, el mandatario estadounidense no cumplió el acuerdo establecido entre Moscú y su equipo de campaña en los meses previos a la controvertida elección presidencial; situación, que indudablemente pone en peligro la inexperta vida política del Comandante en Jefe, al punto, de poder terminar como algunos de los antecesores presidentes. Pero, la corrupción estadounidense no se limita al controvertido magnate neoyorkino devenido político emergente a última hora, sino también a las fundaciones de expresidentes enlodadas con millonarias fortunas de corruptos gobernantes internacionales; al escandaloso Watergate que conllevó a la deplorable renuncia del mandatario de turno; y, la retahíla de mentiras del entonces presidente Bush para invadir Irak: una guerra trillonaria que lo único que consiguió fue el desprestigio de la inteligencia militar de la primera potencia del mundo.

Y del otro lado del Atlántico la coyuntura política no es tampoco digna de ejemplo. Lo que hace un par de semanas se entendió como un proyecto secesionista, en los últimos días ha dado tal giro que, obviamente, pone en cuestión la poca transparencia y los  ideales falsarios de Puigdemont y sus secuaces, algunos de ellos encarcelados pero aún fieles al fugado ex presidente de la Generalitat en Bruselas. Pareciera que el supuesto seudo exilio no fue una media irreflexiva sino más bien orquestada de antemano entre los miembros de la cúpula soberanista. Sabían que la declaración de independencia no sería reconocida por la Unión Europea. También estaban conscientes de las implicaciones y derivaciones de proseguir con el movimiento separatista y de las posibles penas imputadas por la máxima jurisdicción del estado español. Todo parece indicar que existía un plan establecido en el que se proclamaba la independencia de Cataluña y posteriormente desde el exilio belga Puigdemont armaría una especie de contra revolución de cara a la autoridad aplicada por el estado español.

Una vez más, detrás del movimiento secesionista catalán hay peces gordos con mucha espuela interesados en construir una constitución y un orden judicial a la medida de sus necesidades personales. Mafias de cuello blanco que se valen del fervor independista para ensalzar a las turbas callejeras a obstaculizar autopistas y líneas ferroviarias durante días enteros.

Buenos Aires, Washington y Barcelona tiene una álgida coyuntura en común:  son testigos del poder de organizaciones mafiosas tanto locales como extranjeras capaces  de movilizar multitudes en aras de los intereses de un minúsculo grupo de vampiros deseosos de fortunas colosales. Políticos que se enriquecen de forma exponencial, manipulando a masas mayormente ignorantes de la realidad macroeconómica de las naciones y de las atroces implicaciones de sus retorcidas conductas.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

La sinrazón

Carlos Rodríguez Nichols

Si algo caracteriza al siglo veintiuno es la pandemia nacionalista que a codazos se abre campo entre las democracias de Europa y América. Discursos de derecha e izquierda que ensalzan sentimientos de odio, rencor y xenofobias que el hombre civilizado creía haber superado después de los atroces genocidios en la extinta Unión Soviética y la Alemania nazi: desalmados caudillos obcecados con un enfermizo delirio de poder capaces de movilizar masas y a millones de inocentes que terminaron sus vidas en los despeñaderos siberianos y en las cámaras de gas del Tercer Reich. En el fondo, nada ha cambiado y más bien se profundizan las reminiscencias del pasado, de esa lucha insensata que terminó partiendo por casi cincuenta años a la derrotada nación germana y convirtiendo al otrora imperio austrohúngaro en la ruinosa Europa central por más de cuatro décadas. La segunda guerra mundial dejó un saldo de sesenta millones de muertos y un continente resquebrajado: una purga humana de proporciones inenarrables marcó la historia del siglo pasado.

España no fue la excepción. La guerra civil española fue una sangrienta contienda entre altos mandos militares, monárquicos alfonsinos contra republicanos, en la que resultó victorioso el régimen dictatorial franquista hasta la proclamación de la democracia a mitad de la década de los años setenta. Hoy, la democracia española está siendo amenazada por una minoría catalana que intenta imponer un nacionalismo populista sin importar la polarización social ni las consecuencias económicas a corto y mediano plazo. Esta suerte de nacionalismo totalitario es un menjurje ideológico partidista disfrazado de vanguardia republicana: una impronta política y financiera que resulta insostenible al no contar con el respaldo de la Unión Europea, Estados Unidos y la mayoría de las economías latinoamericanas. Discursos irresponsablemente construidos para fanatizar turbas callejeras incapaces de medir el conjuro de sus dichos ante la pasmosa mirada europea y mundial. En otras palabras, una realidad turbia y ensombrecida no tan disímil a los albores de las confrontaciones del pasado.

Puigdemont, en estrecha sintonía con populistas de izquierda de la baja estatura ética de Pablo Iglesias, el ponzoñoso dirigente de Unidos Podemos, se ha prestado a maniobras clandestinas cuyo único interés es destruir el sistema existente sin una estratégica política y económica sostenible. Por eso, después de proclamar la fallida independencia no le queda más que esconderse, cual vil roedor, en el submundo de su propia falacia mientras sus hombres de confianza son sentenciados a varios años de cárcel. La cobardía en su máxima expresión.

Hasta muy poco, Cataluña era considerada una de las regiones más prosperas de España y Barcelona figuraba entre las ciudades pujantes de Europa. Hoy es una sociedad fracturada testigo del éxodo empresarial de casi dos mil firmas que alzaron vuelo en busca de centros urbanos más estables y consolidados, huyendo así del pretendido asalto a la constitución española por  políticos regionales y fuerzas extranjeras interesadas en desestabilizar el continente europeo por los cuatro costados. Sin duda, el Kremlin  y el clan Pujol han sido fichas claves en la orquestación de este caos institucional llevado a cabo  con el único fin de construir un corpus jurídico a la medida de los intereses personales y proyecciones territoriales.

Una vez más, Carlos Puigdemont es una marioneta de estos pesos pesados tan ocultos e insondables como sus fortunas billonarias en paraísos fiscales. Sin más, la cara visible de una insurgencia valida de la insensatez y responsable de enardecer a multitudes con trasnochados discursos que recuerdan las interminables ponencias beligerantes de siglos anteriores. Muchos de ellos, empolvadas remembranzas de los entonces supuestos héroes de la patria, relegados en el presente a los anaqueles de la historia. Con ellos, también, perecieron las masas vociferantes movidas por el odio y la sinrazón de exaltados caudillistas, convertidos ahora a una desdibujada estadística de la memoria colectiva de los pueblos.

No hay que olvidar el desenlace de muchos intelectuales impulsores de la revolución bolchevique desparecidos posteriormente por el régimen soviético sin mayor esclarecimiento. Hoy, en la Rusia de Putin poco se habla de las glorias de Lenin y de Joseph Stalin; esos decoros y virtudes están reservados exclusivamente para el actual pequeño dictador que controla el Kremlin y ha vuelto a sentar a Rusia a la mesa de los grandes del mundo. No es casualidad la tibia celebración para conmemorar el centenario de la caída el imperio zarista, eventualidad que en aquel momento marcó uno de los grandes hitos de la historia política contemporánea.

Y lo que llegó a convertirse en la revolución caribeña del siglo veinte, al inicio fue un movimiento nutrido por una considerable parte de la burguesía cubana que hasta el hartazgo de las maniobras corruptas de Batista y sus antecesores se lanzaron a poyar a un locuaz y farsante político emergente. Sesenta años más tarde, muchos de los impulsores del entonces cínico Fidel Castro no logran superar el veneno que aún intoxica y corroe las desgastadas venas de generaciones en el exilio. Sin duda, la historia parece repetirse con diferentes nombres pero la misma intensidad de mentiras en la Cataluña de Puigdemont.

Hay tantos intereses creados y dinero en juego en la congruencia catalana que difícilmente esta macabra danza llegará a puerto seguro con diálogos forzados o elecciones anticipadas. Sin afán de vislumbrar un escenario fatalista, el pueblo español no debe atenerse a la pasividad de los últimos días después de semanas y meses de tormenta; no hay que pasar por alto ni desestimar el alcance de la coyuntura secesionista de Cataluña. Después de todo, un nada desdeñable número de la población catalana apoya el independentismo, una cifra según las últimas encuestas en ascenso a la raíz de los recientes encarcelamientos a líderes del movimiento soberanista. El estado español debe ponderar sigilosamente cada medida porque el menor paso en falso puede causar la exaltación de las masas y no necesariamente con pacíficas manifestaciones.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

En bandeja de plata

Carlos Rodríguez Nichols

Ocupar el podio de la primera potencia exige dominio militar, autoridad económica, superioridad tecnológica y estar a la cabeza de los tratados internacionales. Washington en el último año ha renunciado a la permanencia de los acuerdos comerciales intercontinentales y a organizaciones de larga trayectoria, poniendo en tela de juicio la institucionalidad y los beneficios de estas entidades a la comunidad de naciones. Sin duda, la desconexión de la Casa Blanca de los pactos mundiales ha facilitado el ascenso  de la potencia asiática china y el de la emergente Rusia después de décadas de un letargo político y económico. En los últimos años China ha consolidado su protagonismo entre las naciones dirigentes de la escena global y Moscú logró preponderancia mundial a raíz de la escalada militar en Oriente Próximo, redefiniendo  el equilibrio de fuerzas en una las zonas de mayor interés planetario.

En la Casa Blanca se firman decretos sin medir las repercusiones de dichos señalamientos. Sin mayor explicación, se desprestigia públicamente a Naciones Unidas, la OTAN, UNESCO y la Unión Europea; se rompe con los tratados comerciales del Pacífico, México, Canadá y Europa. Esto, sumado a la abrupta salida de Washington del acuerdo climático unánimemente respaldado por la comunidad internacional. El obstinado e inexperto mandatario norteamericano hizo un feroz rechazo al tratado de Paris haciendo caso omiso a las consecuencias del calentamiento global a la humanidad. Los ejemplos sobran y el dolor de los pueblos azotas por huracanes y tormentas no tiene límites. Para muestra de este desacierto no cesan los estragos climáticos en el territorio estadounidense causantes de miles de desgracias familiares y contundentes pérdidas millonarias a la nación.

Ahora, Washington intenta anular el tratado de no proliferación de armas nucleares suscrito entre las potencias mundiales y Teherán y ratificado por  Naciones Unidas. La ruptura de este pacto no solo atenta contra la frágil paz mundial sino que pone en evidencia el desconocimiento diplomático de las altas esferas de la Administración norteamericana carentes de los elementos básicos de política y derecho internacional. Es de conocimiento público que el convenio con la República de Irán no es la panacea de las convenciones multilaterales. No obstante, las negociaciones entre actores heterogéneos nunca resultan de total convicción para las partes; acuerdos, en los que se materializan prioridades y se renuncia a otras con el fin de llegar a puntos medios consensuados. Así como Estado Unidos no logró alcanzar todas las metas propuestas, Irán tampoco consiguió los beneficios por los que en un principio abogó.

No hay la menor duda de que el magnate de la construcción llegó a la casa Blanca a de-construir o más bien a demoler lo edificado por  sus antecesores Jefes de Gobierno estadounidenses y sus pares en la arena política mundial. Es tal la disparatada personalidad presidencial, que el actual Secretario de Estado lo calificó de incapaz e idiota, toda una aseveración tratándose del supuesto hombre más poderoso del mundo. Ante semejante desplante el mandatario en su tosca simpleza retó al Rex Tillerson a un test de inteligencia para medir cuál de los dos tiene un coeficiente intelectual superior: una absoluta bufonada que constata los continuos cruces y desavenencias en la cúpula gubernamental de Washington.

Siguiendo el libreto populista de caudillos tercermundistas, al presidente estadounidense también lo embriaga la idea de causar impactos mediáticos ya sea vociferando contra Corea del Norte o hacia los ayatolas iraníes; amenazas que por fortuna no siempre llegan  a concretarse. El Presidente, primero causa la explosión noticiosa y después lanza la bola al tejado del Congreso. En el caso de Irán, si los legisladores aprueban la disposición de rescindir el pacto nuclear, esta solución se traduciría en un punto a favor para el mandatario. En el caso de rechazar el pedido presidencial, el inquilino de la Casa Blanca pierde credibilidad como jefe de Estado pero cumple con una de sus más férreas promesas de campaña, un golazo que nutriría el respaldo de las turbas incondicionales que lo llevaron al poder: el campesinado de Alabama y Missouri, los mineros de carbón, y la lacra extremista que ven en el mandatario un modelo y rol a seguir. Sin duda, todos ellos quisieran despotricar con las bravuconadas de Trump, tener sus rascacielos neoyorkinos y una barby doll como Melania, una de esas muñecas de plástico que lloran y se ríen por control remoto!

Y mientras el Presidente se regocija en su patológico ego narcisista, las potencias mundiales ganan terreno frente al vacío de liderazgo de Washington en las regiones más sensibles del planeta y en los tratados defenestrados por la Casa Blanca. Erróneamente, de esta forma, la potencia norteamericana le está sirviendo el liderazgo al gigante asiático en bandeja de plata. No en vano, el Jefe de Estado de China es considerado el hombre más poderoso del mundo (The Economist).

Sin más, una escenificación del teatro del absurdo en la que la mirada perturbada de los espectadores fenece de desconcierto ante la inmadurez política y la divergencia emocional del Comandante en Jefe, de este palurdo “okupa” de la mansión presidencial washingtoniana.

 

 

 

 

 

 

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Los dados ya están tirados

Carlos Rodríguez Nichols

Cataluña vive una verdadera vorágine política y social con un grave pronóstico económico que sin duda afectará el crecimiento de España como nación. Según se agudizan los aires tormentosos de independencia más se profundiza el huracán financiero que se avecina. Y al final los mayores perjudicados serán las turbas enardecidas que vociferan en las calles de Barcelona a favor de un corpus independista construido con propuestas insostenibles y miopes medidas populistas. Esta gran farsa existe y ha existido en el mundo independiente del discurso ideológico o el color partidista; una masificación de individuos en la que se desdibuja la subjetividad de los ciudadanos. Ya no se trata de sujetos sino de una multitud a la que hay que frenetizar para alcanzar los delirios de políticos transgresores. Decía un sangriento dictador cuyo nombre no merece recordar, que la muerte de una ser humano es una tragedia pero la de un millón de persona es simplemente una estadística. En este caso, el sujeto pierde su individualidad para convertirse en objeto, en el objeto de deseo de obstinados líderes.

Barcelona no es la excepción a esta mentira callejera. Una bufonada en la que se juega con los valores ciudadanos e institucionales de Cataluña, de España y Europa como comunidad. Es inaudito que un país desarrollado esté a la espera de la decisión de uno de sus gobernantes autonómicos, como si se tratara de aquellos juegos infantiles de ¡ahora sí, ahora no… te quiero mucho, poquito o nada!  Lo que en un principio pareció una estrategia activista antisistema, ésta, involucionó a una pobre escenografía de las mayores fragilidades del ser humano: cobardía, inseguridad y cinismo.

Puigdemont ha demostrado absoluta incapacidad para liderar una coyuntura de semejante envergadura. De aquel ímpetu con que movilizó a miles de personas a manifestarse en contra del estado español, hoy se esconde detrás de pamplinas para atenuar su muerte política. No hay la menor duda de que el jefe del gobierno catalán tiene las horas contadas más allá de poder alcanzar la independencia o llevar al estado español a un control absolutista de Cataluña. Como gobernante carece de la madurez política para tomar la decisión de independencia: fallo que ha atrasado por todos los medios posibles con la excusa de entablar un diálogo con las jerarquías estatales, una quimera entre otras tantas de sus impugnables propuestas. Él sabe que clamar la independencia tiene un precio muy caro principalmente para su cabeza como líder soberanista. Pero retroceder y no dar el grito a favor de la independencia de España  significa  traicionar a un sector de la población que aboga por el separatismo y respaldó el referéndum en  la reciente consulta; referéndum que careció de garantías legales, veracidad, y la aprobación del estado español y  la comunidad de naciones europeas. Una falacia desde todo punto de vista inadmisible en un país del primer mundo. Más bien, algo usual en una república bananera tercermundista.

Por otro lado, el Presidente del gobierno de España está entre la espada y la pared. Por eso ha demorado en la decisión de aplicar el artículo 155 que lo autoriza a imponer la autoridad estatal en Cataluña, intervención que sin duda conllevará a beligerantes manifestaciones y serias consecuencias sociales sumado a la problemática económica que vive actualmente la región. Rajoy cuenta con el respaldo de la mayoría de la población española para actuar y llamar al orden, acción que es secundada por los principales partidos políticos y con el aval del Secretario del Partido Socialista Español y del líder de  Ciudadanos, la emergente agrupación de centro derecha.

Tanto Puigdemont como Rajoy están vigilantes de cada uno de sus propios pasos y de los movimientos del contrincante intentando así mitigar la extensión de sus medidas. Decisiones que sin duda acarrearán derivaciones e implicaciones a corto y mediano plazo para Cataluña y España en términos generales. Los dados ya están tirados. Desafortunadamente, falta por ver el desventurado desenlace que le espera a una de las regiones más prosperas de España. Un tsunami político que se vislumbra furioso y feroz.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Cataluña: Una maraña de confabulaciones y triquiñuelas

Carlos Rodríguez Nichols

Hoy Cataluña está fracturada política, social y financieramente. Sin duda la mayor crisis política de España de las últimas décadas con implicaciones sociales y económicas que tomará mucho tiempo revertir. Una lamentable situación causante del deterioro de la imagen regional en el exterior, y perjudiciales  secuelas para la economía española. Coyuntura que no solo se circunscribe al territorio español, sino que  amenaza con  un contagio multiplicable hacia otros estados miembros de la comunidad europea, lo que a todas luces produciría un desequilibrio institucional y un elemento de riesgo para la estabilidad económica de la eurozona.

Los agitadores secesionistas catalanes obviamente no midieron con antelación la masiva fuga de fortunas que el nacionalismo provocaría en inversionistas y entidades bursátiles. Tampoco, sopesaron la vulnerabilidad del dinero que ante huracanes financieros siempre vuelan a tierras más seguras. El éxodo corporativo y la fuga masiva de capitales liderado por entidades bancarias, industrias textiles, compañías de seguros y las  empresas de agua y gas natural, fue un factor determinante en el menoscabo de las pretensiones secesionista de un sector proclive a la independencia de España. Una estampida empresarial que produjo un aterrizaje forzoso ante una ficción edificada sobre falsos cimientos y discursos nacionalistas escenificados por irresponsables políticos desconocedores de la administración pública y de los principios básicos de macroeconomía.

En otras palabras, una deconstrucción de la realidad que conllevó a una  desaceleración de la industria turística y a magras proyecciones de la inversión extranjera a corto y mediano plazo. Según el periódico el Economista, “la hostelería se hunde el 30% en Barcelona debido al proceso independentista”. Un claro indicador de la inestabilidad regional y de endebles resultados financieros en un país que apenas empieza a recuperarse de una de las recesiones más galopantes de los últimos tiempos. Una vez más se constata que las economías no sobreviven con ideales ni ilusorias utopías que sólo ratifican el romanticismo de eternos adolescentes. Ningún sistema político, sea de izquierda o derecha, subsiste con falsos preceptos y, menos aún, tratándose de una economía profundamente anclada al mercado comercial europeo, socio de la comunidad de naciones y del euro como moneda continental.

A este punto, vale preguntarse si la beligerancia cegó a  estos fanáticos activistas frente a una posible descomposición institucional; o, si su obcecada irracionalidad los ha conducido a un suicidio político y a una autoeliminación social. Un claro ejemplo de una población rehén de las pasiones y de las disparatadas obsesiones de testarudos gobernantes ajenos a la razón. Irresponsables políticos de pacotilla que enardecen a las multitudes con mensajes viscerales; a masas, en su mayoría, desconocedoras del estrepitoso comportamiento de los mercados y de las consecuencias de adversas políticas caudillistas. Resulta sencillo disparar tiros al aire, pero es indiscutiblemente más complejo focalizar la realidad y apuntar a las necesidades de los ciudadanos con objetivos pragmáticos lejos de esa sensiblería populista que nutre la perorata de los extremos ideológicos. Los líderes deben tener la madurez y agudeza para ponderar las consecuencias de sus medidas, sino, solo son prosaicos oportunistas succionadores de las arcas públicas. Ahí, radica la diferencia entre un gobernante interesado exclusivamente en alimentar sus interese personales o un estadista con propuestas sensatas y mirada largo-placista.

La revuelta vivida estos días en Cataluña tiene nombre y apellido y no hay que confundir las nomenclaturas. Carlos Puigdemont es un simple títere al que los autores intelectuales soberanistas utilizan como cara visible para quebrantar el orden público y liderar una crisis institucional que permita eventualmente desasociar a Cataluña de la constitución española: una maraña de triquiñuelas y confabulaciones con el fin de construir un cuerpo jurídico hecho a la medida, tailor made, que proporcione impunidad a un sector de la burguesía catalana enriquecida al margen de la ley: sinvergüenzas de cuello blanco suficientemente astutos para manipular a las masas a una radicalización nacionalista respaldada por las ideologías extremistas del abanico político.

No hay la menor duda de que esta convulsión social apunta al multimillonario Jordi Pujol, presidente de la Generalidad de Cataluña durante más de dos décadas hasta 2003, y principal líder del movimiento nacionalista catalán con enorme control del aparato político regional. Sin más, una partida en la que se moviliza a peones callejeros para proteger a este rey de la mafia catalana cabecilla de una conspiración familiar en la que también participan su mujer y sus hijos, uno de ellos encarcelado por fraude y enriquecimiento ilícito. Una relectura barcelonesa de Al Capone pero con una única diferencia: el clan Pujol despliega un poder político que el tránsfuga italiano nunca ostentó a tal extremo. Jordi Pujol y sus descarados secuaces están causado enormes perjuicios a Cataluña y al estado español desde múltiples aristas. Son los responsables de la desestabilización de la democracia española.

Y… por más proclamaciones de independencia o de respuestas autoritarias estatales, esta historia no está acabada. ¡Desafortunadamente, se tendrá que verter mucha tinta para escribir lo que aún está por acontecer!

Posted in Uncategorized | Leave a comment