La inteligencia artificial

Carlos Rodríguez Nichols

La humanidad ha alcanzado un desarrollo industrial y tecnológico que permite un mayor conocimiento del ser humano y su hábitat. Esta insaciable odisea al conocimiento es el resultado de una investigación comprometida a gran escala.

La inteligencia artificial es uno de los mayores desafíos tecnológicos de las últimas décadas. Desde una perspectiva científica, es el producto de siglos y milenios de genios y talentos matemáticos que han dedicado sus vidas a la investigación. A ellos se debe que la tecnología haya logrado una superación cuantitativa y cualitativa a lo largo de la historia. No obstante, este avance industrial y tecnológico en muchos casos conlleva innegablemente una pérdida de dignidad humana y serias repercusiones en el colectivo social que son imposible de obviar.

La robotización industrial no es necesariamente un plus para la humanidad sino, más bien, una competencia entre el hombre social y económico frente al robot automatizado. Un avance tecnológico que incuestionablemente proporciona enormes ventajas y beneficios, pero también implica una ineludible fractura social: un efecto disruptivo en el mercado laboral al aumentar el desempleo humano y acrecentar la brecha económica entre los poseedores de la robotización industrial, y las clases medias sustituidas por inteligencias artificiales y robots automatizados.

Se pronostica que debido a este avance tecnológico, millones de personas no tendrán una ocupación o un oficio remunerado; una realidad que a largo plazo podría incluso reflejarse negativamente en la dinámica de consumo capitalista. Según previsiones, en veinte años se automatizarán alrededor del cincuenta por ciento de los empleos actuales: una importante pérdida de fuentes de trabajo que serán suplantadas por la robotización industrial.

En la actualidad, La Unión Europea y China son las regiones con las mayores tecnologías automatizados en ensamblaje automovilístico y equipo pesado para obras de infraestructura. Las máquinas, al contrario del hombre, son artefactos industriales hechos para realizar funciones específicas de proyectos determinados. Están construidos para producir a gran escala minimizando los costes financieros de empresas y multinacionales. La industria invierte en  modelos de alta tecnología con el fin de generar mayor producción en menor tiempo disminuyendo de esta forma los insumos fijos laborales. En síntesis, el avance tecnológico es capaz de aumentar la producción sin generar más empleo, o minimizando los ya existentes, en tareas rutinarias con mayor rapidez y a un costo menor que los seres humanos.

Por otro lado, la robotización beneficia a los trabajadores más calificados a costa de aquellos que tienen una capacidad intelectual y formación académica menos competitiva; produciéndose, una demarcada diferencia entre los que nacen con condiciones intelectuales privilegiadas o los que forman parte de ese resto humano sobreseído por la industria robótica. Un incremento en la desigualdad de ingresos y oportunidades entre aquellos capaces de liderar la inteligencia artificial y los marginados por la tecnología. Ante esta realidad, los estados tendrán que lidiar con una importante masa de ciudadanos desocupados que requieren ayuda estatal para subsistir y cubrir las necesidades básicas: sociedades que debido a una mayor expectativa de vida estarán conformadas por una cantidad nada desdeñable de adultos dependientes de políticas sociales. En un intento para solventar los costes que implica hacer frente a los millones de personas remplazadas por los robots automatizados, Bill Gates, fundador de Microsoft, aboga por la imposición de un gravamen o impuestos a la industria robótica.

De cara a esta convulso escenario, la comunidad de naciones debe adquirir el compromiso de luchar de forma integral frente a las posibles consecuencias sociales y económicos de las clases medias mitigadas por el acelerado desarrollo tecnológico. Por tanto, se debe fortalecer los programas de investigación y  educación científica a futuras generaciones como principal herramienta para desafiar el impacto de  esta eminente realidad a corto y largo plazo. Ahora más que nunca, la educación es el eje central de la superación intelectual, económica y social de los individuos y los pueblos. Sino, cada vez más, se profundizará la grieta entre los poseedores de conocimiento, y el sector de la sociedad devorado por la robotización automatizada y la inteligencia artificial.

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