Macron, una mente brillante

Carlos Rodríguez Nichols

Emmanuel Macron ha demostrado un notable poder de convocatoria entre el electorado francés y con destacadas figuras políticas de la arena internacional. Recientemente, puso a prueba su excelencia intelectual y capacidad de estadista frente al mandatarios ruso y el presidente estadounidense, dos visitas de estado que se tradujeron en un éxito internacional para el hábil inquilino del Eliseo.

Vladimir Putin fue recibido en Versalles con la esencia de la estética que caracteriza al pueblo francés. El Jefe de Estado de Rusia, heredero de Iván el Terrible, de Pedro el Grande, el Zar Alejandro, y el desalmado Joseph Stalin, tuvo la oportunidad de saborear el refinamiento artístico francés que tanto deslumbró a la aristocracia rusa en siglos pasados, y, además, comprometerse a erradicar la utilización de armas químicas en los conflictos armados, una posición defendida por Europa a lo largo de la crisis en Oriente Próximo.

El estratega del Kremlin, con veinte años de carrera en los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética y casi dos décadas en la cima estatal de Rusia, sucumbió a las  demandas del mandatario galo. Un sagaz reto político en el que Macron con mano férrea y sobresaliente capacidad diplomática marcó el área de juego y las inquebrantables líneas rojas a traspasar; inscribiendo, así, sus exigencias frente a  la mirada pública de la prensa internacional.

El presidente francés, en estrecha relación táctica con Ángela Merkel su mayor aliada en el proyecto europeísta, propone reforzar la unificación del viejo continente afianzando el liderazgo de Francia al lado de la sólida conducción de la canciller alemana. Un equilibrio de poderes que requiere la reestructuración política y económica de la comunidad europea ante la desconcertante salida del Reino Unido del club de naciones. Sin más, una proyección integracionista de Europa en un momento de crisis institucional y de separatismo continental.

En otras palabras, Macron está construyendo los cimientos de una Europa consolidada lejos de las turbias y falsas esperanzas de populistas, demagogos, y emergentes políticos de pacotilla con proyectos de gobierno irrealizables en términos pragmáticos: astutos halagadores de extrema derecha y anacrónicas izquierdas, que valiéndose de elocuentes mensajes deslumbran a un electorado fácil de enredar con ignorantes promesas e inviables propuestas.

Ejemplo de esto, es el supuesto rompimiento de Washington con los acuerdos climáticos. Una medida anacrónica que ha causado un contundente rechazo a la actual Administración estadounidense, y, consecuentemente, una constricción del liderazgo de la primera potencia en un tema sensible en términos globales. Repudio, no solamente de los pueblos alrededor del mundo sino también de los jefes de gobierno de las naciones más poderosas del planeta. Ante semejante desacierto, Macron se posiciona en el lugar de conciliador entre las grandes potencias y la Casa Blanca.

Una vez más, la capacidad intelectual del joven político francés y sus insignes cualidades sociales fueron aspectos fundamentales para vulnerar la hasta entonces ciega y obtusa postura del presidente Trump respecto a los acuerdos climáticos. La reciente visita presidencial estadounidense sirvió para detonar un cambio, de aquella feroz oposición de Washington hacia los tratados de reducción de gases tóxicos, a una mayor apertura de la Casa Blanca frente a la crisis medioambientalista. Sin duda, el reciente encuentro fue el primer paso de flexibilización de la actual Administración norteamericana frente a la problemática climática que acosa al planeta: una realidad ecológica, con gravísimas repercusiones sociales, consensuada por la gran mayoría de las naciones mundiales.

El desfile del catorce de julio en Paris, una puesta en escena investida de gloria, fue el escenario idóneo para impulsar un acercamiento entre el continente europeo y Estados Unidos. Encuentro, en el que el mandatario francés utilizó sus destacadas habilidades personales para persuadir a su homólogo norteamericano de la importancia de fortalecer la alianza política y comercial entre Estados Unidos y Europa, así como la necesidad de reforzar la relación militar transatlántica frente a las amenazas terroristas y la crisis de Oriente Próximo. Coyunturas en las que Rusia, en cercana concordancia con Teherán y Damasco, ha experimentado en el último lustro una exponencial escalada geopolítica.

No hay la menor duda del poder de seducción de Emmanuel Macron. Su elocuente desenvoltura y la notable facultad de saber estar, se traduce en una sobresaliente tenencia de liderazgo entre los pesos pesados y las grandes ligas del mundo político internacional. Macron, en un corto lapso de tiempo, ha demostrado una excelente conducción diplomática en articulaciones políticas de gran envergadura. Sin duda, su innata facultad intelectual sumado a una excelsa formación académica juegan a su favor en la re-construcción de un nuevo proyecto europeísta liderado por Francia y Alemania.

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