El abrazo de las dos Coreas

Carlos Rodríguez Nichols

La reunión del mandatario de Corea de Sur y el líder norcoreano marca el principio de un fin, el desenlace de una guerra comercial y política que dio inicio en la década de las cincuenta del siglo pasado. Un conflicto que dividió el territorio geográfica e ideológicamente y separó a familiares de sus propias raíces culturales. Después de interminables amenazas, finalmente, se percibe una ráfaga de esperanza ante el escepticismo de políticos y analistas alrededor del mundo, que con recelo desconfían de las repetidas e incumplidas promesas del régimen de Pyongyang. En otras palabras, una brillante escenificación que de llegar a concretarse sería un gran paso hacia el equilibrio y concordia en la región.

La amenaza nuclear que se vislumbraba como posible catástrofe regional con graves secuelas mundiales, hoy toma un segundo aire hacia una pacificación e incluso eventual reunificación peninsular a largo plazo. Sin embargo, el escenario es de tal complejidad que cada uno de los actores implicados debe intervenir con enorme cautela dentro de un marco político diplomático. Los insultos y gritería a lo barra brava futbolera deben quedar relegados a la irresponsabilidad del pasado. Ahora, los mandatarios tienen que proceder con un tono acorde a lo esperado de las potencias nucleares, condición, en la que se incluye a China, Estados Unidos y, obviamente, Corea del Norte con la suficiente capacidad nuclear para sentarse a negociar a la mesa de los grandes. Sin duda, este es el gran logro del régimen norcoreano a su haber y lo que explica en gran medida su actitud de complacencia ante la mirada internacional.

Esta realidad obliga a tener un razonamiento pragmático de los tiempos requeridos para la desnuclearizar de la península, y ante todo exige una clara definición del concepto “desnuclearización peninsular”. Según lo insinuado por los mandatarios coreanos en la reunión de la semana pasada, se refiere al desmantelamiento atómico de la península coreana en toda su extensión, y no exclusivamente de Corea del Norte como pretendieron Estados Unidos y las potencias occidentales en un inicio.  Esto, sin duda, puede causar un posible “entrabamiento”a las futuras negociaciones.

Se ha cuestionado repetidamente la veracidad del régimen norcoreano frente a su desarme nuclear, pero, habría que preguntarse si Estados Unidos está dispuesto a reducir su fuerza militar en la región y consecuentemente alterar su poder en la zona asiática. Difícilmente.  En la actualidad, Washington insiste en fortalecer el poderío estadounidense como primera potencia mundial después del fracaso militar en Irak y Afganistán y el desdibujado perfil en Oriente Medio durante la Administración Obama. Es incuestionable el cambio de eje del actual inquilino de la Casa Blanca en materia económica y política en el plano internacional, en el cual, el territorio asiático juega un papel determinante. Por otro lado, el mayor interés de China, mentor político y económico de Pyongyang desde hace setenta años, es consolidar su poder como potencia regional; por tanto, Pekín tiene un rol de notable importancia en la eventual redistribución de fuerzas de la península coreana.

Sin duda, las altas jerarquías del gigante asiático están detrás de cada detalle proclamado por el líder norcoreano y de su meticuloso plan estratégico a futuro. El accionar de Corea de Norte no es un impulso irracional sino más bien una ruta definida y cuidadosamente delineada que cuenta con el respaldo logístico de Pekín, de cara a una posible integración de Pyongyang al crecimiento asiático dentro de un contexto mundial globalizado. El aislacionismo comunista de la era del dictador Mao quedó postergado al pasado, a los anaqueles de la historia. Hoy China apuesta a liderar la economía mundial y para ello necesita el control de la zona asiática y el apoyo de sus aliados más cercanos. Pyongyang es uno ellos. En otras palabras, no se trata solamente de amigar a enemigos legendarios sino de construir una nueva distribución de poderes territoriales marcada por un trasfondo nuclear multilateral. Esto, sin olvidar la relevancia de Tokio y Seúl en el ajedrez geopolítico asiático, que, aunque carentes de potestad nuclear protegen su seguridad e interese económicos a capa y espada. Por lo tanto, la resolución al conflicto peninsular coreano involucra los lucros y provechos de múltiples actores, tanto de las potencias nucleares como de naciones aliadas a ellas.

Ante esta situación convulsa y de enorme peligrosidad no se puede pretender obtener resultados cortoplacistas, ni mucho menos enlodarse en frivolidades egocentristas compitiendo entre mandatarios por el desprestigiado premio Nobel. Tampoco se trata de un atestado en el que se califica la astucia de los participantes; en todo caso, es un reconocimiento a la estrategia y esfuerzo de los Jefes de Estado por intentar la reunificación de las dos Coreas. En este contexto, resulta irrefutable el empeño del presidente de Corea del Sur para llevar a cabo el acercamiento de los dirigentes coreanos: lo que fue su caballo de batalla en campaña presidencial empieza a concretarse y dar frutos. También, atañe un reconocimiento a las medidas impuestas por Washington al régimen norcoreano, tarea que contó con el respaldo de China y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

No obstante, tomará el tiempo necesario consolidar una relación estable entre las dos Coreas. Un territorio dividido por conflictos militares y luchas ideológicas durante décadas, período, en el que se puso a prueba la carrera armamentista y el poder nuclear de Pyongyang al extremo de amenazar el equilibrio y la seguridad mundial.

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

El poder detrás del Poder

Carlos Rodríguez Nichols

Hoy más que nunca existe una estrecha relación entre los medios informativos y la conducción del Estado. Medios que no se limitan estrictamente a su rol comunicativo, sino que se han potencializado como grupos de poder con una extensa proyección pública. Sin más, la supremacía detrás del poder al punto de yuxtaponerse la influencia de uno sobre el otro. Dinámica que se da en ambos sentidos, estableciendo una clara diferencia entre los medios amigos y los que se consideran divulgadores de noticias falsas; en este caso, aquellas que tienen una opinión más crítica de la figura presidencial y sus políticas públicas. Claro ejemplo de esto dicho es la notoria diferencia que existe en el posicionamiento de Fox News a favor del gobierno del actual inquilino de la Casa Blanca y, por otro lado, la cadena CNN con una posición más crítica del presidente al que constantemente señalan por sus frecuentes cambios de opinión y sus extravagantes impulsividades. En ciertos casos, la rivalidad entre la casa de gobierno y el medio informativo es tan visceral que pone en tela de juicio el profesionalismo de ambos sectores.

En materia internacional la relación entre el poder político y los medios de comunicación es aún más determinante. No hay más que dar una mirada a la reciente invasión de Washington, Paris y Londres al territorio de Siria en represalia por la utilización de armas químicas. Mientras las potencias occidentales insisten en la autoría del dictador sirio contra su propio pueblo, Rusia, el principal aliado del dictador, niega la utilización de estas armas por parte Bashar al-Assad, e incluso rechaza el hecho de que haya sucedido tal ataque; adjudicándolo, más bien, a un vil montaje y manipulación de la información de Occidente. Una vez más, tanto en un bando como en otro, los medios informativos construyen una amalgama discursiva oficial para influir en la opinión pública. Maquinaria propagandística al servicio principalmente de populismos extremistas indistintamente de la línea ideológica de derecha o izquierda.

Según los medios de comunicación rusos se trata de una artimaña política para desprestigiar al presidente Vladimir Putin y debilitar su imagen internacional, principalmente, después de su escalada en Oriente Medio. Según esta postura, las potencias occidentales necesitan bajarle el tono al presidente ruso, al otrora espía de la KGB que con aires de zar y conquistador le ha dado un segundo aire a la extinta Unión Soviética y al pueblo ruso después del desastroso desenlace del régimen comunista.

Sin duda, a Europa no le conviene una Rusia fuerte en la frontera del continente y por tal razón han insistido en aplicar sanciones económicas al Kremlin por su potestad sobre los fértiles territorios de Ucrania y Crimea.  Pero entonces, ¿quién tiene la razón? o más aún, ¿cuál de los dos bandos implicados en el conflicto es dueña de la verdad? ¿Será que cada uno desde su egoísta perspectiva se considera abanderado de la única realidad hecha verdad? En otras palabras, dos narrativas incompatibles y antagónicas que giran en torno al mismo tema y se afianzan gracias al feroz desconocimiento de las masas.

Para empezar a desengranar esta maraña de mentiras, ninguna de las naciones involucradas en este horripilante genocidio reconoce sus intereses económicos y geopolíticos en la región. Pretenden engañar a la opinión pública insistiendo que la penetración en el conflicto es de carácter humanitario para salvar a los pueblos subyugados de sus criminales dictadores. Es cierto que esta zona milenaria ha estado controlada por autocráticos gobernantes muchos de ellos impuestos por las potencias occidentales durante el último siglo. De ahí la famosa frase de Winston Churchill refiriéndose al padre del último Sha de Irán: “¡nosotros lo pusimos, nosotros lo quitamos!”

Los medios informativos en cercana complicidad con los grupos de poder cimientan verdades hechas a la medida y talla nacional, a la dimensión de esos intereses ocultos vedados a la multitud. Confabulan una narración creíble para un público muy extenso más allá del nivel intelectual y estrato social de los espectadores: mensaje que debe calar tanto en ilustres personajes como en el común de los mortales. Por eso, la ficción debe ser lo suficientemente bien estructurada para ser asumida por la gran masa, por la mayoría de ciudadanos incapaces de leer entre líneas las falacias y retuertos políticos de los estados. En el fondo, reconocer semejante desmentida significa cuestionar principios nacionales que a la postre no todos los electores tienen la capacidad de interiorizar. Más bien, con mirada ciega y oídos sordos asumen estas verdades a medias como ¡inexactitudes políticas en aras de una patria más fuerte y estable!

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Siria: una sinfonía de mentiras

Carlos Rodríguez Nichols

En el último lustro el territorio sirio se convirtió en el escenario de guerra de los principales poderes mundiales, convirtiendo el conflicto en un genocidio de desproporcionadas dimensiones. En otras palabras, una bestial carnicería humana con fines estrictamente geopolíticos. Esta confrontación de fuerzas no dista de aquellos tiempos álgidos de la Guerra Fría, sólo que ahora se trata de múltiples actores luchando por sus intereses económicos con un trasfondo terrorista-religioso.

Por un lado, el triunvirato conformado por Rusia, Irán, Siria y sus respectivos satélites políticos. Por otro lado, Arabia Saudí con el absoluto apoyo de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia: alianza occidental en la que Macron se abanderó como consejero y compañero de armas del presidente estadounidense en la reciente invasión a Siria. Un espectáculo de poca relevancia sin ningún efecto positivo más que el fortalecimiento de Bashar al-Assad entre sus seguidores y la reafirmación de Vladimir Putin en la región. En todo caso, fue un golpe de timón de Estados Unidos y los aliados europeos en una guerra en la que sin duda el régimen sirio, Rusia e Irán son los vencedores. Guste o no, esa es la realidad.

La utilización de armas químicas en Dumas, de las que hasta la fecha sobran especulaciones y falta veracidad de autoría, fue el “leitmotiv”para intentar reprimir el cruel uso de agentes nerviosos y armas de destrucción masiva contra la población. Más allá de toda clase de pruebas creíbles, pareciera que se condena más el armamento utilizado que la exterminación de vidas. Ejemplo de esto dicho es la monstruosa masacre humana en Yemen orquestada por Arabia Saudí ante la mirada ciega y oídos sordos de Washington y las principales capitales europeas. A pesar que en la guerra en Yemen no hay huellas de armas químicas, ciertamente, ninguno de los caídos en este atroz genocidio ha muerto de manera humanitaria…

Si se hace un paralelismo entre los conflictos de Siria y Yemen, los dos son igual de inhumanos contra la población civil. Conflictos en los que hombres, mujeres y niños mueren acribillados por balas y explosivos, independiente que el armamento utilizado sea abalado por organismos internacionales. Esta farsa de todo ángulo que se mire, pretende moralizar el armamento antes que los centenares de miles que perecen víctimas de una lucha desenfrenada de poder y ambiciones hegemónicas.

Sin embargo, no se debe desvalorizar los controles internacionales a los equipos bélicos, función exclusiva de las agencias especializadas que descalifica a los estados a tomar la ley en sus manos. Esto significa que ningún estado o potencia puede actuar como fiscal o juez del mundo, ni tampoco irrumpir en la soberanía de otros con el fin de castigar y proveer lecciones de transparencia, principalmente, que para dar lecciones de ética hay que predicar con el ejemplo. Y, de sobra es sabido que ninguna nación es los suficientemente impoluta para dictar catedra de moral ni educar a los bandos rivales por medio de invasiones exprés.

La reciente intervención occidental al territorio sirio solo fue una pálida exhibición de fuerza que sirvió para ocupar los noticieros durante veinticuatro horas y evitar la ridiculización del mandatario estadounidense después de haber amenazado reiteradamente a Rusia y Siria con correctivos a gran escala. De este espectáculo, más risible que merecedor de respeto, aún quedan cabos sueltos.  A la fecha no se sabe a ciencia cierta quién implantó el veneno en la población de Duma, considerado el último bastión de los opositores al régimen del dictador sirio respaldados por Arabia Saudí y sus “socios silenciosos”. Esta mediocre invasión con ciento cinco misiles, a la postre interceptados en su gran mayoría, no logró más que maquillar la pérdida de poder de las naciones occidentales en Oriente Medio.

Ante esta falacia, no es de extrañar que Rusia considere la reciente invasión de Estados Unidos y sus aliados como un vil montaje de Occidente. Después de todo, no es la primera vez que esto sucede. Solo hay que recordar la invasión a Irak en la que se adjudicó al régimen de Sadam Husein la existencia de armamento de destrucción masiva. Ya, entonces, era vergonzoso escuchar al Secretario de Estado de la Administración Bush esgrimiendo falsas pruebas en Naciones Unidas acerca de los arsenales químicos en las afueras de Bagdad. No había nada. Nunca existió tal armamento de destrucción masiva más que en la engañosa mente de los Jefes de Estado de las poderosas naciones occidentales.

Al final, se confirmó que se trataba de una quimera organizada por el en aquel momento inquilino de la Casa Blanca con la aprobación del Primer Ministro británico Tony Blair. Un montaje internacional para eliminar al dictador iraquí y apoderarse de una de las zonas petroleras más fructíferas del planeta. Desfiguración de la verdad que en última instancia se tradujo en una de las guerras más costosas de la historia con innumerables repercusiones políticas, económicas y sociales hasta el día de hoy. En otras palabras, una retorcida mentira.

Cabe preguntarse si la reciente invasión a Siria fue un aleccionador acto de honorabilidad de los presidentes de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido a la comunidad internacional, o una prosaica sinfonía de mentiras ante el mundo entero.

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

La manipulación de la verdad

Carlos Rodríguez Nichols

Lo saben todo. Hasta hace unas semanas se sospechaba de la intromisión de organizaciones en lo más íntimo de los ciudadanos, pero lo que fue una mera sospecha ahora es una absoluta realidad. El escándalo de Facebook destapó la mayor manipulación de información de la historia a través de las redes sociales. Un control de las masas en todo el amplio sentido de este concepto. Primero, se engancha a los afiliados a la red con mecanismos adictivos que exacerba conductas obsesivo compulsivas y, luego, se pone en juego la necesidad de ser y estar en la mirada aduladora del otro; un otro, que también requiere la invariable admiración de sus seguidores. Afiliados a los que inteligentemente se les dio la nomenclatura de amigos, con el fin de llenar los espacios de soledad de muchos de los inscritos a esta mega net virtual compuesta por dos mil millones de miembros alrededor del mundo.

Facebook se convirtió para la mayoría de sus adeptos en una herramienta que permite tener voz y sobre todo ser escuchados socialmente. Una interacción cibernética que potencializa la opinión personal, antes, vetada a la mayoría de los ciudadanos excepto aquellos con talento literario para expresarse en los medios de comunicación. En otras palabras, la ventana más amplia al mundo indistintamente del origen, raza o inclinación personal, y, a la que todos sin exclusión alguna pueden afiliarse de forma gratuita. Si se mira estrictamente desde esta óptica, es una de los instrumentos colectivos más abrazadoras de la diversidad y del conjunto social, más allá de las facultades intelectuales o la profundidad de pensamiento de los usuarios.

La red funciona como fórum para escuchar y ser escuchado, pero, también, para leer entre líneas el comportamiento y la emocionalidad de los participantes. Una plataforma que de igual forma es utilizada por muchos de sus seguidores con fines estrictamente voyeristas, esos, que solamente entran a la red para ver la actividad y el perfil de los demás, aunque no opinan ni se comprometen con un simple likeo un me-gusta. Fantasmas virtuales que alimentan el sistema con una mirada estrictamente fisgona.

Este comportamiento de “observador silencioso” se potencializó a escala gubernamental, político y empresarial, haciendo de Facebook un potente receptor de datos personales al servicio de mal intencionadas organizaciones. Entre ellas, vale mencionar a Cambridge Analytica involucrada en la última campaña presidencial estadounidense y en el referéndum del Brexit en el Reino Unido. En ambos casos, se llevó a cabo la utilización de millones de datos de usuarios para interferir a favor de alguno de los candidatos y en el resultado final de las contiendas. Se implementaron mensajes muy precisos que lograron inclinar la balanza según los intereses de los estrategas de este hurto informático, intercediendo en las capas más profundas de una trama que a simple vista parece de una vacua superficialidad. Porque, detrás de las simplísimas conversaciones políticas y posicionamientos religiosos carentes de toda espiritualidad, se esconde la mayor manipulación de la humanidad. Una radiografía al desnudo sin el menor recato, pudor ni mucho menos respeto a la individualidad: un escrutinio muy preciso y agudo de los sujetos.

En otras palabras, una suerte de resonancia magnética de la personalidad, el comportamiento, las emociones e ideologías de las masas y, más aún, de cada sujeto como individuo social. Investigan lo que les gusta y también lo que desprecian, los amigos que frecuentan, los lugares que visitan y la mucha o poca literatura que consumen. Es tan vergonzoso el mecanismo utilizado que ya no se trata de espías camuflados socavando información de los vecinos, sino, son los ciudadanos mismos que se prestan para esta desfachatez social. Ellos, se desbocan contando pormenores, alegrías y amarguras, y, con agria exuberancia dictan cátedra acerca de partidos políticos y los candidatos de su elección como si fueran la panacea de la Ciencia y la Política. Sin más, cuentan toda clase de secretos, viajes en familia y, muy inocentemente, postean fotos de hijos y nietos a los que incluso, en casos extremos, exponen a posibles extorsiones.

La idea de la red personal es una quimera porque no solamente está formada por los propios amigos, sino también por los seguidores de esos conocidos cibernéticos. Es ahí donde radica lo mágico y fantasmagórico de este juego de abalorios, pero también el peligro de exponerse ante este amplísimo escaparate del que sin duda se desconoce su verdadera extensión y mucho menos sus limitaciones. Por más que Mark Suckerberg intente convencer a los senadores estadounidenses de las nuevas estrategias implementadas por Facebook para proteger los datos de los afiliados, difícilmente se podrá obtener seguridad absoluta de la privacidad de la información. Después de todo, esto no es más que el invisible poder cibernético frente al ciudadano de a pie que ignora los pormenores de este pulso entre inscritos a las redes y los algoritmos implícitos.

Al menos, el trasiego de datos entre Facebook y otras organizaciones al servicio de turbios políticos y empresarios sirvió para confirmar la manipulación social de la verdad. A este punto, la decisión de permanecer en la red recae estrictamente sobre el usuario, siempre y cuando esté consciente de los baches de este juego virtual. Ya no hay sorpresas y mucho menos confabulaciones en este contubernio de proporción global. Si algo queda claro es que no hay tal servicio gratuito. Se paga con la propia información, con lo más íntimo y personal.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Las dos caras de una mentira

Carlos Rodríguez Nichols

La humanidad es testigo de una serie de actores con capacidad atómica marcándose los unos a los otros para asegurar su propia territorialidad política, fuerzas que compiten en diferentes frentes con el fin de lograr superioridad militar y económica en el escenario global. La realidad mundial está construida sobre grandes bloques luchando por las hegemonías regionales, sin duda, el fin de un ciclo unipolar en el que una única potencia lidera el planeta. Ejemplo de esto dicho es el abrupto cambio comportamental del dictador Kim en los últimos noventa días. Pasó de ser la paria del mundo para convertirse en el abanderado de la reconciliación diplomática con Pekín, donde fue recibido con los mayores honores de Estado, consolidando de esta forma la cercanía de ambos regímenes en materia de defensa, comercio y estrategia.

Así, la ascendente potencia china ratifica su incondicional compromiso con la autocracia de Corea del Norte. Alianza que se remonta a más de seis décadas de interacción entre Pyongyang y el gigante asiático, a pesar de las recientes sanciones infringidas por Pekín para satisfacer las exigencias de Occidente. No hay duda de la reciprocidad y similitud ideológica en la construcción de Estado que existe entre China y Corea del Norte, y, aún más, la complicidad entre ambas naciones para proteger sus intereses geopolíticos.

Ahora más que nunca, la cancha territorial asiática quedó claramente marcada. Si existía alguna duda sobre la posibilidad de un acuerdo entre Washington y Pyongyang, hoy, es cada vez más remota; al final, no será más que un circo mediático del que difícilmente surjan resultados significativos hacia la desnuclearización de Corea del Norte. Sin embargo, no es descartable que estos acercamientos construyan una conexión más armoniosa entre las dos Coreas, teniendo en cuenta la predisposición de Seúl a entablar una línea de comunicación con Pyongyang .

Meses atrás, Estados Unidos creyó contar con el beneplácito de China en un supuesto ataque nuclear a la península norcoreana, pero el inminente pacto acordado entre Pyongyang y Pekín tira por tierra cualquier tesitura de apoyo de Pekín a Washington, principalmente, después de las medidas tomadas por la Casa Blanca amenazando con una guerra comercial: una torpe jugada desde cualquier ángulo que se mire. Medidas proteccionistas estadounidenses que perjudican la producción y consumo de insumos con consecuencias económicas de alcance mundial. La amenaza arancelaria propuesta por Washington y la virulenta respuesta de Pekín ya están produciendo fuertes turbulencias bursátiles a nivel global. Un sinsentido que irrespeta las normas de la Organización de Comercio, menoscaba las exportaciones y, en última instancia, afecta a los consumidores obligándolos a pagar más por los productos importados. Esta ofensiva mercantil lo único que logra es debilitar la frágil relación diplomática entre el nuevo inquilino de la Casa Blanca y el poderoso Jefe de Estado chino. Insensateces que ponen en riesgo la seguridad mundial en diferentes frentes: nuclear, comercial y social.

Por otro lado, el panorama de Oriente Próximo es de enorme cautela, una coyuntura política y social que puede desatar un conflicto a gran escala. La ruptura de Estados Unidos del pacto antinuclear con Irán no solo incumple el trato ratificado por las potencias mundiales, sino que da alas a Teherán para desatender las verificaciones de Occidente y persistir en su carrera atómica. En otras palabras, el rompimiento del acuerdo lo único que conseguiría es el fortalecimiento atómico iraní y afianzar la cooperación militar entre Teherán y Moscú, relación diplomática claramente consolidada a raíz del conflicto sirio. Sin duda, los lazos entre ambas naciones son cada vez más estrechos de cara a la proyección expansionista en el Golfo, un escenario político en el que también se perfila la inclusión del dictador turco como parte constitutiva de este eje autocrático con significante cuota de poder regional.

Lo más serio de toda esta vorágine de noticias es la vergonzosa posición del Jefe de Estado estadounidense constantemente desdiciéndose de sus temperamentales propuestas, afectando una vez más la credibilidad de la primera potencia mundial. Es asombroso que Estados Unidos cometa este nivel de imprudencias; por tanto, cabría suponer que los asesores del mandatario estadounidense flaquean en materia de estrategia o el presidente desatiende las advertencias de sus consejeros. Washington debe comprender la nueva reestructura multiral, sino seguirá dando pasos en falso tapando sus incesantes errores con continuas erratas, un interminable círculo de impericias por intentar borrar las torpezas del camino.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

El despertar del nacionalismo

Carlos Rodríguez Nichols

En décadas pasadas millones de víctimas inocentes perdieron sus vidas ante la brutalidad de Joseph Stalin y el delirio de Adolf Hitler. Desalmados genocidas que arrasaron con el conocimiento de intelectuales y marcaron para siempre el futuro de hombres, mujeres y niños ante la mirada esquiva, cómplice y silenciosa de muchos que sucumbieron al proyecto experimental y expansionista del canciller alemán. Setenta años más tarde el pueblo judío apenas empieza a cicatrizar las profundas heridas del holocausto y la insensatez.

Astutamente, la guerra abierta del Führer contra el comunismo sirvió como anclaje para enlistar a millones de seguidores en sus filas, aunque atentara contra la libertad de raza y credo religioso. Finalmente, la codicia y las promesas económicas tuvieron más peso que la ética y la moral al imponerse los intereses financieros a los derechos de la humanidad.

 Casi un siglo más tarde, la historia se repite con la misma irracionalidad y gula de dominio. Hoy, grupos populistas teñidos de nacionalismos despiertan después de un inacabado letargo, de un sueño profundo que por décadas los hizo parecer exánimes ante las atrocidades cometidas contra la libertad y los derechos de los hombres, sociológicamente hablando. Ahora no se ataca el comunismo con la ferocidad de años anteriores, sino a la diversidad de los pueblos en un contexto mundial orquestado por dos machos recalcitrantes responsables del implacable regreso del conservadurismo y la desvergonzada supremacía de género, raza y culto. ¡Sin duda, el Jefe de Estado ruso y el actual presidente estadounidense le hacen flaco favor a la humanidad!

Ellos, cada uno desde su entorno inmediato, han contribuido a exaltar la prepotencia del sector más obstinado de la sociedad, el fanatismo religioso y los patológicos sentimientos patrióticos utilizados como herramientas emocionales con fines estrictamente electorales. Ambos líderes comparten la misma línea de pensamiento: restituir la grandeza del Estado exasperando el espíritu nacionalista en tiempos de crisis económica, y, al costo que sea con tal de conseguir sus tozudas metas. No importa si se trata de unirse a organizaciones mafiosas, socavar información privada de las redes sociales o mandar a envenenar a sus traidores como sucedió recientemente en el Reino Unido.

El hombre fuerte de Rusia sin el menor recato intercede tanto en el resultado de sus propias elecciones como en la de los países rivales, una estrategia llevada a cabo con la colaboración de los servicios secretos del Kremlin, entidades financieras, corporaciones multinacionales y obviamente con el silencio de su círculo más íntimo de allegados a los que ha enriquecido de forma escandalosa. Grupos de poder al margen de la ley, jaqueadores de mega datos, que burlan la privacidad de las masas robando likes cómo viles ladrones de aldea. En este caso, ampones de cuello blanco recaudadores de información secreta para acceder a la médula de las potencias opositoras. Ante esta descarada manipulación cibernética y la tergiversación de resultados electorales, Putin hoy ostenta el poder absoluto y el apoyo de una gran parte de su pueblo.

Del otro lado del Atlántico, el Jefe de Estado estadounidense no cuenta con la misma aprobación electoral ni tampoco con la absoluta lealtad de su órbita partidista, en gran medida, debido a su exiguo conocimiento de política internacional y su controversial capacidad de liderazgo. No hay más que mirar el caos generalizado de la Casa Blanca en la que no cesan los despidos de altos funcionarios involucrados tácita o directamente en la saga tutelada desde el Kremlin.

En otras palabras, el supuesto hombre más poderoso del mundo es una de las tantas piezas del ajedrez político del brillante estratega ruso que en muy poco tiempo consiguió su cometido: desprestigiar la democracia estadounidense corrompiendo las bases de sus instituciones. ¿Hasta cuándo? Hasta que Trump caiga por sí solo. Putin, el otrora espía formado en la KGB en los tiempos álgidos de la Unión Soviética de Breshnev y al mando de la potencia rusa durante casi dos décadas, mueve cada una de sus fichas con extrema precaución sabiendo de antemano las posibles consecuencias de su malintencionado parecer.

Indistintamente de las controversiales políticas del presidente estadounidense o de la ambición desmedida del líder moscovita, el mundo, ahora más que nunca, es testigo del despertar de un anacrónico nacionalismo que amenaza la democracia, la libertad y las garantías de los pueblos. Mensajes xenofóbicos y palabras llenas de homofobia polarizan las naciones y menoscaban la evolución social y cultural de los pueblos. Es paradójico qué en la era de la ciencia, la investigación y la inteligencia robótica aún bullen construcciones delirantes de mentes insanas, lo suficientemente desquiciadas para cambiar el rumbo del progreso.

 

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Costarricenses, abramos los ojos.

Carlos Rodríguez Nichols

Costa Rica, el supuesto oasis de la felicidad se ha convertido en una sociedad polarizada de la que supura lo más vil del ser humano: la vulgaridad y la codicia. Sentimientos de rabia y venganza latentes en lo más hondo de cada uno recubiertos con el ilusorio y simplista “puravidismo”. Solo se requería del liderazgo religioso de Fabricio Alvarado para remover el excremento, la podredumbre fétida y las fobias hacia otras razas y minorías, al igual como sucede en organizaciones extremistas y fundamentalismos. Hoy, Costa Rica es escenario de una guerra verbal entre tiros y troyanos muy distante de aquel pensamiento pacífico progresista que situaba al país como uno de los más avanzados en educación y salud pública del continente.

Ese reconocimiento fue el resultado de políticos visionarios que comprendieron la necesidad de construir una sociedad más equitativa con beneficios para los más necesitados: acceso a educación, salud, transporte y vivienda digna, indistintamente del origen social, sexo, color de la piel o el credo religioso. Hombres con una mirada vanguardista para su época tachados de revoltosos y comunistas por los sectores más conservadores de la sociedad temerosos de perder la potestad de sus lujos y excesos. Una derecha recalcitrante incapaz de entender que cuanto mejor esté el pueblo, la fuerza laboral, mayores son los réditos de la clase industrial y empresarial. La guerra al comunismo se gana mejorando las condiciones de vida de los menos privilegiados y no en una lucha abierta contra el Estado benefactor. Eso, lo único que produce es un resentimiento masificado que en última instancia desvaloriza a la colectividad.

La conciencia social que caracterizó al costarricense marcó la abismal diferencia entre Costa Rica y las otras naciones centroamericanas, hoy, violentadas por el narcotráfico, las maras y grupos rebeldes feroces de rencor. Poblaciones que viven en el umbral de la pobreza o subsisten en la extrema miseria mientras el estrato alto de la sociedad es blanco de homicidios, secuestros y constantes extorciones. Sin más, San Salvador y San Pedro Sula son consideradas unas de las ciudades más peligrosas de América con el mayor índice de asesinatos en manos de bandas antisociales. Obviamente, sin olvidar la desfachatez del movimiento sandinista desde hace cuarenta años en el poder a causa de los abusos perpetuados por la dinastía Somoza durante tres generaciones.

Ante el mísero panorama económico y social en que vive una gran parte de las poblaciones de Centro América, es mayormente recomendable estar presididos por gobiernos centristas. Equipos de gobierno capaces de forjar un balance entre la realidad macroeconómica y las necesidades a las que se enfrenta la mayoría del electorado cada día. Si no, es una bomba de tiempo: una explosión molotov que en cualquier momento estalla en las manos de aquellos proclives al capitalismo salvaje garante exclusivamente de la solvencia de determinados grupos de poder. Ahora más que nunca, se tiene que mirar de frente la paupérrima situación de los pueblos y el nefasto sentimiento de envidia que despierta la desigualdad de oportunidades entre los ciudadanos. Es imposible pretender un crecimiento sostenible mientras existan las diferencias sociales y económicas que caracterizan la región.

Los gobernantes no pueden hacer caso omiso al subdesarrollo institucional del cual Costa Rica no está absuelta. Un panorama político y económico que hasta la fecha no ha sido resuelto por ningún gobierno por más eruditos en economía, fianzas y hacienda en sus filas. Sin duda, no han sido capaces de sacar a las naciones centroamericanas del endeudamiento y los alarmantes niveles de corrupción que brutalmente golpea los países centroamericanos.

En el caso específico de Costa Rica, los equipos económicos presididos por Oscar Arias, sin afán de desvalorizar los logros del expresidente, no solucionaron los problemas de fondo ni fueron capaces de marcar un contundente progreso nacional. Tampoco, los gobiernos socialcristianos tutelados por empresarios de alto vuelo seguidores de los acreditados Chicago Boys, consiguieron sacar al país del en-trabamiento político y social. Esto, sumado al asalto a las arcas del Estado y el descarado manoteo a las instituciones pública por altos jerarcas de todos los partidos políticos sin excepción.

Así que mirar exclusivamente al vergonzoso caso del cemento sería miopía o senilidad mental, olvidando los escándalos en el seno del Partido Liberación, dos expresidentes encarcelados y otro prófugo de la justicia durante una década. A tal extremo, que el último candidato liberacionista señaló a su propio partido como un nido de ratas corruptas. Epítetos que reflejan la podredumbre de los partidos tradicionales por más que se intente borrar lo ocurrido de un solo zarpazo. Por eso, ningún político puede pretender ser cartujo porque todos están muy lejos de encarnar deidades, aunque sean dioses hechos a la medida para la ocasión. Y mucho menos estos nuevos pseudo santulones que pretenden convencer a las masas con ficciones y realismos mágicos que apenas alcanzan para adornar las narrativas tercermundistas. Estrategias políticas barriobajeras que alimentan el populismo y polarizan la sociedad, y, más aún, cuando se intenta amalgamar la dirección del Estado a mandatos religiosos: un candil de doble mecha capaz de arrasar con todo pensamiento racional.

Como costarricense siento la necesidad de hacer público mi adhesión al grupo conformado por Carlos Alvarado, Rodolfo Pisa, Edna Camacho, Ottón Solís y André Garnier, miembros de diferentes partidos reacios a votar por el predicador evangélico contrario a todo movimiento intelectual, a los derechos humanos de las minorías y a una visión de mundo progresista. Un discurso de corte medieval, que en su momento sirvió para ejercer control y dominio de los pueblos.

Hoy, hay que asentarse en la realidad del siglo veintiuno altamente tecnológico e industrializado en la que impera el conocimiento científico y la investigación. El mundo gira en la órbita de la revolución de las comunicaciones y la inteligencia artificial y no en la Edad Media, la brujería, los hechizos y la irracionalidad que caracteriza el perfil psicopatológico de Fabricio Alvarado. Porque nadie, medianamente equilibrado, puede creer en ese puño de disparates, hablar en lenguas y hacer construcciones delirantes con seres inventivos de fábulas milenarias. ¡Basta de estupideces!

Costa Rica requiere de mecanismos de autoridad eficientes para controlar el narcotráfico, la violencia y la inseguridad a escala nacional. Coyunturas de alto voltaje que amenazan la sociedad costarricense de forma alarmante. Por eso, el país no puede permitirse un presidente de la República con una formación académica mediocre y una pobre exposición a la sociedad contemporánea más allá del cuadrilátero costarricense.

Asimismo, es irresponsable apostar por el equipo económico orquestado por Oscar Arias a cambio de otorgarle al predicador evangélico la facultad de fortalecer sus anacrónicas creencias. La historia es testigo de candidatos que en campaña se prestaron a esta clase de triquiñuelas, y una vez en el poder terminaron gobernando a sus anchas. La historia perdona, pero no olvida.

Arias en muchas oportunidades ha visto a sus propios pupilos, a los que el mismo ungió, cerrarle las puertas de la Casa Presidencial. Sin ir muy lejos, hace cuatro años el expresidente Arias suscitó una polarización de fuerzas dentro de Liberación Nacional al punto de debilitar el partido y finiquitar con las aspiraciones presidenciales del candidato liberacionista, obviamente, contrario al movimiento arista. Este prosaico zafarrancho facilitó la elección de Luis Guillermo Solís, un hombre sin experiencia política ni conocimiento de la administración pública. Ahora, el Premio Nobel intenta tutelar el gobierno del indocto y fanático religioso Fabricio Alvarado con tal de conservar una significativa cuota de poder dentro del tinglado político nacional.

Costa Rica no puede apostar por un capitalismo ciego a la realidad social ni olvidar el aporte de aquellos visionarios que lucharon por las garantías y derechos de la población. La situación que viven las naciones centroamericanas es un claro ejemplo de las nefastas consecuencias de las desigualdades.

Costarricense abramos los ojos. Aún estamos a tiempo.

 

Posted in Uncategorized | Leave a comment